20 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Legado histórico de Bill Sinclair

Cuando iniciaba mis pininos periodísticos en La Estrella de Panamá en 1964, ya William Sinclair pertenecía a la familia de “La Decana”. ...

Cuando iniciaba mis pininos periodísticos en La Estrella de Panamá en 1964, ya William Sinclair pertenecía a la familia de “La Decana”. Lo conocí entonces cuando escribía con gran devoción su columna “On the labor front” para The Star & Herald, nuestro hermano mayor. Para esa época ya “Don Bill, como lo bauticé entonces, tenía 13 años sirviéndole en su función de dirigente sindical a los trabajadores panameños del Canal contra los vejámenes y la discriminación que sufrían bajo el anacrónico sistema de “Gold Roll” y “Silver Roll”.

Sin saber que años después él sería mi defensor en la lucha de más de cinco años que me enfrentó entre 1975 y 1981 con autoridades de la desaparecida Comisión del Canal, sentí de inmediato una gran empatía por “Don Bill y la causa que lo inspiraba. Para entender la magnitud del trabajo que tenía Sinclair sobre sus hombros basta con decir que en esa época solo los americanos tenían derechos laborales, y que los dirigentes de los sindicatos no americanos que surgían para defender los derechos de los trabajadores eran acusados de “comunistas”. De este mote no escaparía nuestro querido dirigente.

Para aquellos lectores que no conocieron sobre el “Gol Roll” y el “Silver Roll” que imperaban en la llamada Zona del Canal, cabe explicar que este consistía en un régimen dual de salario, mediante el cual los sueldos de los americanos eran muy superiores a los panameños que ejercían funciones similares. Además, los cargos de supervisión estaban reservados para los americanos, mientras que los de menor rango eran para panameños. Y había fuentes de agua reservadas para los americanos, mientras los panameños tenían que tomar agua en otras fuentes. Otro tanto ocurría con los poblados de la Zona del Canal; había comunidades latinoamericanas con casas y servicios públicos de inferior calidad a los de las comunidades americanas.

El primer sindicato panameño en el Canal afiliado a una central obrera norteamericana, el Local 713, fue creado en 1946 en medio de un ambiente de discriminación salarial, de viviendas, escuelas, hospitales, acceso a clubes y comisariatos y hasta a las iglesias. Este sindicato alcanzó algunos logros menores, pero su corta vida expiró en 1949 cuando una convención del Consejo de Organizaciones Industriales (CIO) expulsó a varios sindicatos afiliados por tener “tendencia comunista”.

En 1950 surgió el Local 900 presidido por el educador panameño Edward Gaskin, y un año después ingresaría Sinclair a impulsar este movimiento. El sindicato había planteado un pliego de 16 aspiraciones al entonces gobernador de la Zona del Canal, pero a cambio de reivindicaciones laborales, en viviendas y escuelas, fueron acusados de “comunistas”. A pesar de ello, lograron en Washington en 1951 un aumento general de 5 centavos la hora.

Bajo orientación de Sinclair, el Local 900 se involucró activamente en los esfuerzos que culminaron en 1955 con el Tratado Remón-Eisenhower. El Local 900 logró bloquear en 1958 un esfuerzo de sindicatos americanos por impedir que se extendiera a los panameños el sistema de jubilación federal. Poco después el gremio logró extender beneficios menores para trabajadores retirados por incapacidad.

En 1966 el Local 900, ahora presidido por Saturnín Maugé pero bajo la orientación de Sinclair, logró incluir a los trabajadores de la Zona del Canal en el esquema de salario mínimo federal. Pero los mayores logros vendrían a partir de 1970 con el esfuerzo por igualar el régimen de vacaciones de los panameños con las de los americanos, empeño en el que jugaría un papel clave el Comité Pro Igualdad de Vacaciones, y en la lucha por un tratado que devolviera el Canal y la Zona del Canal a Panamá.

En las audiencias ante congresistas norteamericanos sobre el tema de las vacaciones, los americanos se opusieron alegando que el Canal había sido construido por los Estados Unidos y que las vacaciones eran pagadas con los impuestos de americanos. Pero los panameños, debidamente preparados, alegaron que en el Canal, Panamá ponía su principal recurso, su posición geográfica, el agua y su mano de obra. Y que los fondos para salarios y vacaciones eran financiados con los ingresos por peajes que pagan los buques usuarios de la vía. Al final se impusieron las aspiraciones panameñas.

Sinclair se jubiló en 1988, pero continuó trabajando como consultor de la Federación Americana de Empleados de Estados Condados y Municipios (AFSCME) hasta pocos meses antes de su lamentable deceso, el 29 de marzo pasado. Muchos de los logros alcanzados por Panamá y los panameños en el Canal se deben a su esfuerzo, talento y abnegación. ¡El sindicalismo canalero tiene una deuda de gratitud para con Don Bill Sinclair!

*El autor es periodista frank_24@cwpanama.net

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