19 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

El tira y jala de una ley

Realicé un estudio a 100 adolescentes entre los 14 y 17 años sobre la ingesta de alcohol. La muestra se escogió de ocho colegios público...

Realicé un estudio a 100 adolescentes entre los 14 y 17 años sobre la ingesta de alcohol. La muestra se escogió de ocho colegios públicos y privados de la capital. La investigación arrojó lo siguiente: el 89% consume alcohol en discotecas e igualmente en fiestas familiares; el 84% tiene interés en seguir consumiendo alcohol; el 92% no considera dañino su consumo; el 98% dicen que sus padres lo consumen; el 66% lo compra en abarrotes y supermercados cuando no asiste a la discoteca; el 100% aceptarían instruirse acerca de la adicción al alcohol después que se les explicó los efectos de su consumo.

En artículos anteriores me he referido a los beneficios de la Ley Zanahoria en ciudad de Bogotá, creada para controlar la ingesta excesiva de alcohol.

El secreto de su éxito fue la educación, la creación de conciencia, y el cambio de actitud en una ciudad que era sumamente violenta.

En La Chorrera, Colón, Las Tablas y Penonomé, se ha implementado la ley y según sus autoridades ha sido positiva y entre otras cosas se ha disminuido las riñas y escándalos. En otras ciudades del mundo ha sido efectiva y satisfactoria. Sólo hay que ver sus resultados.

En ciudad de Panamá, la ley busca disminuir los accidentes de tránsito y hechos de violencia cerrando en horas tempranas de la madrugada los bares, discotecas y cantinas.

Si bien es cierto que no se tiene una estadística pormenorizada de accidentes y hechos de violencia producto de la ingesta de alcohol en horas de la madrugada, la ley puede servir para evitarlos.

Una persona que empieza a libar licor antes o durante la medianoche, para las 3 de la madrugada está más que ebria a tal punto que su nivel de razonamiento es nulo dando muestras de un comportamiento violento, provocador y errático.

En la mayoría de los bares, discotecas y cantinas se venden bebidas alcohólicas en exceso así como bebidas energéticas, cocaína y éxtasis, la combinación perfecta hacia la muerte. Y, esto es lo que encuentran nuestros muchachos en estos lugares dizque de diversión.

Observo que las medidas restrictivas sólo apuntan a políticas de control.

La prohibición no basta. Si la ley no contempla otros problemas derivados precisamente del consumo del alcohol, no va a dar el resultado esperado y explico: cuando a alguien se le prohíbe algo que realmente quiere, esa persona lo va a conseguir de alguna manera.

No hay que olvidar que “el consumo de alcohol es un síntoma y los síntomas no se pueden prohibir y, el consumidor va a seguir emborrachándose” con la posibilidad de trasladar su diversión a lugares cerrados como los clubes privados, casas particulares, hoteles y casinos. Además se han popularizado los "after party", los cuales son establecimientos informales que funcionan en casas privadas y desocupadas, sin ningún tipo de control sanitario ni legal.

Y, es posible que el escándalo se traslade a las barriadas y entonces sería peor el remedio que la enfermedad.

Pese a ello, estoy segura que la ley ayudaría a frenar la delincuencia, el alcoholismo y la drogadicción, a crear conciencia en la población y a alertar a los padres que están adormecidos. Debe controlarse igualmente la publicidad y atender las causas del exceso de consumo y, lejos de satanizar la sustancia se debiera enseñar al interesado a beber propiciando una “cultura de consumo”.

*Especialista de la conducta humana gemiliani@cableonda.net

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