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05 de Mar de 2021

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

PRD en su salsa

Lo que está ocurriendo a lo interno del PRD es una tragicomedia que debe llevarnos a reflexionar, a pesar que el comportamiento de sus d...

Lo que está ocurriendo a lo interno del PRD es una tragicomedia que debe llevarnos a reflexionar, a pesar que el comportamiento de sus dirigentes no amerita un análisis serio. Las últimas declaraciones de la ex candidata presidencial de ese colectivo, Balbina Herrera Araúz, constituyen un monumento a la irresponsabilidad política.

Balbina acusó a Martín Torrijos y a Ubaldino Real de entregar cuatro millones y medio de dólares a la campaña del entonces candidato a la presidencia, hoy Presidente de la República, Ricardo Martinelli. Al emitir tal declaración no ha presentado ninguna prueba y en realidad nunca la va a presentar. Así lo hizo cuando acusó, en el hemiciclo de la Asamblea Legislativa, al Legislador Carlos Afú, de recibir cerca de un millón de dólares para votar por dos Magistrados de la Corte. Esa acusación desató una tormenta política sin precedentes y que todavía hoy no sabemos sus consecuencias.

En aquella ocasión, la Ingeniera Balbina Herrera no presentó pruebas y hoy que se sigue un proceso por esas declaraciones, tampoco las va a presentar. Como ayer, las acusaciones a sus copartidarios van a tener consecuencias, y no precisamente contra Ricardo Martinelli, si no contra el PRD y su esfuerzo por lograr salir del atolladero en que se encuentra.

El comportamiento de algunos dirigentes del PRD no tiene explicación lógica ni conceptual. Es el resultado de una conducta política que ha favorecido el clientelismo sobre la doctrina, premiado la incondicionalidad sobre la crítica sana, impulsado el sometimiento sobre la militancia democrática y particularmente, premiado la mediocridad sobre el talento.

Decenas de miles de miembros de base del PRD sienten vergüenza política por el comportamiento de estoS dirigentes, que prefieren anteponer sus mezquinos intereses y conflictos entre fracciones, a los intereses de la nación y del partido, como instrumento de transformación de la sociedad. Por ello es importante recordarles a estos dirigentes algunas cosas.

Su conducta demuestra la ignorancia que tienen frente a los grandes peligros que enfrenta el fortalecimiento de la democracia panameña y su incapacidad para analizar el origen de los problemas que confrontan y como consecuencia la búsqueda de una solución que devuelva al PRD a la sociedad, así como a ser un instrumento más de lucha social de los pobres y necesitados.

Cierto sector de la Dirección del PRD no se ha puesto a analizar que la humanidad experimenta un cambio de época, no se trata de una época de cambios. Se trata de un cambio real de época histórica, caracterizada por el surgimiento de una economía inmaterial dependiente principalmente de un factor intangible: la información y la infraestructura de comunicación.

Deben entender que las actuales reglas del desarrollo experimentan una crisis de legitimidad y los agentes individuales y colectivos como los partidos políticos, también tienen una crisis de percepción e interpretación de la realidad.

El efecto combinado y simultáneo de estas crisis crea perplejidad, incertidumbre y desorientación, que se expresan en la vulnerabilidad generalizada de los diferentes actores sociales. Es decir, la humanidad está viviendo un cambio profundo en el orden de las cosas y estas transformaciones paradigmáticas impactan enormemente en la forma de hacer política.

Es probable que estos dirigentes del PRD no se percaten del cambio que ha tenido el mapa político panameño en estos últimos veinte años. En su discurso insisten en que no importa lo que hagan, el PRD se mantendrá unido y saldrá adelante. Realmente están equivocados y así lo demuestra la experiencia del Partido Demócrata Cristiano que dominó el escenario político al inicio de los 90, que con una sólida bancada parlamentaria y con dirigentes de experiencia y de ideología, dominaron la agenda nacional.

No obstante, su ruptura con el gobierno de Endara, las luchas internas provocadas desde su bancada parlamentaria e impulsadas por dirigentes sectarios e intolerantes, lo fue disminuyendo rápidamente hasta hacerlo casi desaparecer y convertirse en el oscuro Partido Popular de hoy.

Las bases del PRD reclaman capacidad, seriedad, tolerancia a las ideas, la vuelta a una alianza con el pueblo, pero sobre todo piden a gritos la unidad de su partido y una nueva dirección. La pelea sectaria, el establecimiento de corrientes que siguen a personas con agendas oscuras y de poca trascendencia social, no tienen cabida en el PRD del futuro.

El PRD necesita un cambio que esté a tono con la nueva época histórica que vivimos y si no hace los correctivos necesarios, pasará primero por la división camino a la extinción o a la reducción de un partido sin mayor importancia. Ojala la actual dirección comprenda lo que está en juego y actúe con sentido de responsabilidad histórica.

Por el futuro de la nación deben hacer suya la consigna “que a la patria no se le ponen condiciones.”

*Analista político blandonc@cwpanama.net