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25 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Un almuerzo con Jesús

Mi celular tenía tres llamadas perdidas a las 8:00 a.m., a la cuarta llamada respondí, y me dijeron: “Entonces Avelino, el sancocho que ...

Mi celular tenía tres llamadas perdidas a las 8:00 a.m., a la cuarta llamada respondí, y me dijeron: “Entonces Avelino, el sancocho que me invitaste va o no va hoy?”, en verdad me quedé en el aire, y agregó: “Oye soy yo, Jesús, luego del último café me mandaste un correo que hoy domingo tomaríamos un sancocho por el nacimiento de tu hija, saqué este día para atender tu invitación y de paso conocer a la bebe”, a lo que respondí: “Claro amigo, llega con confianza, tengo casi todo listo”, y Él contestó: “Ok. Avelino, al mediodía llego y voy a llevar a mi madre, te parece?”, a lo que respondí: “Por supuesto, los espero”. En verdad se me había olvidado, así que me dispuse a comprar una gallina de patio e ingredientes para honrar la invitación que había hecho.

Llegada las doce, todo estaba listo, y en ese momento escuché que llamaron al portal; salí y ahí estaba Jesús acompañado, los hice pasar, Jesús y yo nos dimos el conocido abrazo y le dije: “Jesús, bienvenido a mi casa”, a lo que Él contestó: “Gracias Avelino, en verdad es un gusto, ah. te presento a mi madre”; a lo que contesté con alegría y sorpresa: “¿María?”. Ella asintió y sonriendo también me dio un abrazo, y me dijo: “La paz sea contigo y con tu familia, mi hijo insistió en que lo acompañara hoy, te estima mucho y, bueno, cuando me habló que de paso veríamos a una niña recién nacida, no me pude resistir”.

Les agradecí e hice pasar al comedor, les presenté a mi esposa, nos sentamos en la mesa, María y mi esposa sirvieron la mesa, compartimos, reímos y por supuesto degustando el sancocho.

Luego de comer, Jesús me dice: “Avelino deseamos ver a la niña”, a lo que dije: “claro”, mi esposa la sacó del play cuna, Jesús dijo sonriendo: “Avelino igualita a ti”, y María entonces mirándonos a mi esposa y a mi dijo: “Puedo cargarla?”, a lo que asentimos. María la cargó y la miraba con ternura, Jesús le acariciaba su cabello, y María dijo: “así mismo, hijo mío, te cargué, le dijo a Jesús, Él me miró y me hizo un guiño sonriendo.

Les pregunté qué debíamos hacer para que le fuera bien en la vida; Jesús me dijo, “Avelino, amigo mío, dale mucho amor, aconséjala, pide sabiduría cuando quieras explicarle algo, pero sobre todo, déjala ser libre y háblale de que la existencia de este mundo no es casualidad, es el milagro y gran obra de mi Padre, entonces María agregó: “enséñenle a orar y a cultivar el amor al prójimo y corrijan cualquier intención de egoísmo y soberbia, con el ejemplo, brinden humildad y amor”.

Jesús y María le dieron un beso a mi hija y me la cedieron en brazos, y dijo: “Avelino nos vamos”, ambos salieron del cuarto; en la puerta de la casa ambos agradecieron por la velada; Jesús me dijo: “Avelino te doy mis bendiciones y no dejes de llamarme para otra cita”, y María nos dijo: “no lo olviden: mucho amor”. A lo que respondí: “por supuesto, gracias por venir a mi casa”.

*Administrador de empresas.nino26880@gmail.com