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04 de Jun de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿A quién beneficia la Educación Superior?

La educación es reconocida en el mundo contemporáneo como un derecho de todas las personas. Las más diversas convenciones internacionale...

La educación es reconocida en el mundo contemporáneo como un derecho de todas las personas. Las más diversas convenciones internacionales, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Declaración Mundial de Educación para Todos, así como la Constitución Política de la República, reafirman este principio.

Sin embargo ¿por qué tantos niños, jóvenes y adultos panameños no logran ejercer plenamente este derecho? ¿Cuál es el tamaño de la brecha que separa a las personas con acceso a la educación en todos los niveles de enseñanza de las que están al margen de estos beneficios?

La equidad se asocia en general a la igualdad de oportunidades que deben tener las personas frente a la educación. Alude a la justicia social, la legitimidad, la legalidad y a un trato éticamente aceptable. En ese sentido, la equidad puede ser entendida como la igualdad de oportunidades de acceso, de permanencia exitosa y de resultados eficaces de la educación.

En el pasado la equidad fue considerada un principio inaplicable a la educación superior, por valorarse como un nivel no obligatorio ni gratuito, en los términos formales de la legislación educativa nacional. Hoy, frente al valor creciente que asume el conocimiento como el recursos más importante de la sociedad, a la formación superior de calidad se le atribuye una condición fundamental para el avance de las economías y progreso de los países, dada la relación directa entre alto crecimiento en las matrículas universitarias y los niveles de ingreso per cápita y de desarrollo humano de los países. En este sentido puede apreciarse que la tasa de retorno de la educación superior (150.7%) duplica la de la educación media y quintuplica la de la primaria (2009).

La educación superior es pilar fundamental del progreso económico y la paz, de allí que debe ser accesible a todas las personas a lo largo de sus vidas, como un espacio abierto de oportunidades para la autorrealización personal, la movilidad social y los aprendizajes permanentes en el mundo global. La admisión debe estar basada en el mérito, capacidad, perseverancia y determinación de estudio de las personas.

La igualdad de oportunidades en la educación superior no admite discriminación con base en raza, sexo, idioma, religión o edad, y tampoco por consideraciones económicas, culturales, sociales y de discapacidad física. Una política moderna de equidad debe facilitar activamente el acceso a personas pobres, grupos indígenas, minorías culturales y personas portadoras de discapacidades, de modo que contribuya a romper el círculo perverso de la pobreza y la exclusión social.

La educación superior en Panamá ha crecido considerablemente en los últimos años, lo mismo que los niveles precedentes de enseñanza. Hoy representa un sistema amplio y diverso, que acoge unos 135000 estudiantes, principalmente matriculados en instituciones oficiales (80%), con 5 universidades oficiales, 37 particulares y 9 en lista de espera. Este sistema creció entre 1970 y 2006 aproximadamente en 16 veces.

Como en muchos otros aspectos, en materia de educación Panamá es un país de contrastes. Las mujeres, que en diversos contextos son excluidas del sistema, tienen participación destacada en la matrícula (61%) y en graduados universitarios (67%). Y las personas sin ningún grado de escolaridad aprobado (256155) eran prácticamente igual al número de personas que poseían un título universitario (256146). Una décima parte de la población total posee estudios superiores, con títulos de post grado representan el 8.3% de los universitarios y menos del 1% de la población total.

Alrededor de la mitad de los alumnos que estudian en premedia y media asisten a la universidad. Muchos de los jóvenes que ingresan abandonan tempranamente los estudios superiores (38% y 55%) y, de los que permanecen, una buena parte culminan en períodos superiores a los establecidos en sus estudios (6 a 8 años). Los graduados en relación con los matriculados representan entre un 10% y un 20%. Algunos egresados carecen de las competencias para trabajar, vivir y ejercer plenamente la ciudadanía en una sociedad y un mundo que cambian vertiginosamente.

La educación superior es un privilegio de los grupos urbanos (89.3%) y no pobres del país (96.7%). Dicho de otra manera, los pobres y pobres extremos, que representan un tercio de la población panameña, están representados en la educación superior apenas con alrededor del 3% de la matrícula.

Como fenómeno social la equidad está afectada por el entorno sociocultural de la población y el valor que concede la sociedad y el Estado a la educación superior. De allí que sea necesario asumir la equidad como política de Estado, definir cuotas de acceso y acciones compensatorias por grupos de población desfavorecidos, y ofrecer servicios educativos a distancia para poblaciones remotas, trabajadores y personas con discapacidad, al mismo tiempo que impulsar sistemas de becas a personas desposeídas con méritos académicos. Es decir, insertar la educación superior dentro de una cosmovisión social más amplia y menos reduccionista del sentido académico.

*DOCENTE UNIVERSITARIO.