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10 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

¿Por qué Parque Omar?

Los que disfrutamos las caminatas en ese sitio de más de 50 hectáreas que ha heredado el pueblo, en una capital carente de parques adecu...

Los que disfrutamos las caminatas en ese sitio de más de 50 hectáreas que ha heredado el pueblo, en una capital carente de parques adecuados, sabemos el deleite que significa caminar entre esas sendas oxigenadas en pleno centro de la ciudad. Aplaudimos las mejoras y expansión que este gobierno le está haciendo a este gran pulmón de todos.

En ninguna otra parte de las actividades ciudadanas se juntan en una sola área, millonarios, presidentes o ex presidentes, acaudalados empresarios, con educadores, obreros, jubilados, amas de casa, en una mezcla variopinta, donde como pocas veces, todos parecemos hijos de un solo Dios, juntos en un solo escenario.

¿Cómo heredamos ese hermoso oasis de energía solar y oxígeno, ese ‘prana’ maravilloso? Uno de los asiduos caminantes del lugar, Henry Ford, me ayudó a fortalecer la memoria del origen del parque como sitio común para todos: al inicio del gobierno cívico—militar, donde precisamente Henry fue su primer ministro de Hacienda y Tesoro, me recordó el amigo, los directivos del Club Unión (el del Casco Viejo entonces) analizaron con los del Club de Golf, que era entonces ese parque, la idea de juntarse en un solo club para expansión de todos por igual.

La idea no cuajó, porque los golfistas tenían en mente buscar un nuevo lugar en un área donde desarrollar residencias, y tener viviendas cerca de sus hoyos deportivos; con tal búsqueda apuntaron hacia la finca de la familia Ameglio en Cerro Viento, donde está ahora el Club de Golf. Para financiar sus proyectos buscaron entonces contactos con el gobierno militar para negociar las tierras valiosas donde hoy caminamos. Por medio de bonos gubernamentales y otras combinaciones, le quedó a la nación el actual parque, que bien podríamos llamar nuestro ‘Central Park’.

Hubo varias propuestas para que en aquél tiempo se hicieran obras en este fabuloso centro de expansión pública, pero Omar Torrijos se oponía. Quería que el pueblo tuviera un sitio donde ir con sus niños y familiares. Una de las ideas, que recuerdo perfectamente haberla escuchado salió de un par de coroneles del Estado Mayor de entonces, por 1973, recién designado yo secretario ejecutivo del comandante y Estado Mayor, y consistía en que el general aprobara la construcción de la Comandancia General, las oficinas del Estado Mayor, además de instalaciones deportivas y un Casino Militar para oficiales. Omar dijo en ese momento que lo pensaría.

Los proponentes aducían que con el mando que se tenía no había dificultades en obtener el presupuesto para las obras ya descritas. Pero en una tarde donde Omar y yo, como era frecuente, quedamos solos luego de una reunión habitual del Estado Mayor con el comandante, lanzando una bocanada con su habano Cohíba que aún acostumbraba, el general me dijo en esa privacidad: ‘¿Así que quieren que nos mudemos de aquí, de este barrio de El Chorrillo, donde vemos diariamente a nuestros negritos pobres, y mudarnos a unos lujosos edificios con casino y todo?; si lo hiciéramos, pronto nos olvidaríamos de los pobres y empezaríamos a parecernos a esas elites militares de Sudamérica, distanciados de sus pueblos. Pues, aquí nos quedamos, al menos mientras yo sea el comandante.’. Creo que solo esa visión humanística vale el nombre de esa área recreativa: Parque Omar.

*ABOGADO Y MILITAR RETIRADO.