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02 de Jul de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Salitre y cobre, Neruda y Mistral

Chile, es copihue y cóndor; salitre y cobre; cielo azulado y brisas puras que lo cruzan; mar y desierto. Es la Araucana de Ercilla —poem...

Chile, es copihue y cóndor; salitre y cobre; cielo azulado y brisas puras que lo cruzan; mar y desierto. Es la Araucana de Ercilla —poema épico que relata el espíritu indomable de Caupolicán, Galvarino y Lautaro frente al dominio español—; es la tierra de Bernardo O’higgins, Manuel Rodríguez y del Ejército Libertador; del minero, del pescador, del obrero, del huaso y su chinita; tierra al Norte árida y al Sur bendecida por los lagos y el mar. Es la tierra de la cordillera nevada, las leyendas, del buen vino, de la mujer trabajadora, adusta a punta de vivir la dureza de la vida y bella a la vez. Como la Violeta Parra. Es composición rica de historia y geografía reunidas de forma armónica y trágica en un solo nombre.

No se encuentra un significado único de la palabra Chile. Son diversos los vocablos con los que distinguieron su nombre y que estuvieron relacionados con los primeros habitantes del territorio. Para la lengua quechúa, Chilli—Chilli significa la flor y nata de la tierra y hace alusión a un territorio desconocido, que se extendía hacia el sur del mundo mientras que en la lengua aimara —norteña al igual que la quechua— Chile, derivaría del vocablo ch’iwi, que quiere decir helado; y con este vocablo se haría referencia al país del frío. En otra acepción aimara, es Chilli, que significa donde termina la tierra. En mapudungún, —la lengua de los mapuches— Chile tendría raíces fonéticas en la expresión chëlle, término con el que se nombra a la gaviota.

Aparte de esta controversia, Chile, es la musa de grandes de la letra como Neruda y Mistral, pero también de Francisco Coloane, Nicanor Parra, Vicente Uidobro, Marcela Paz, José Donoso, Isabel Allende y de literatos que encontraron en la caracola, en la sal, en el pan y la cebolla, en el corazón del roto —campesino— y su espíritu solidario las odas poéticas, los cuentos y las narraciones de la vida del chileno.

Es la hora del once —té de las 5 de la tarde—, que vamos a tomarnos al tiro —inmediatamente— y de cachar —entender, un chilenismo derivado del verbo en inglés to catch— que estamos celebrando el bicentenario con una empanada, un vaso de vino tinto y bailando al ritmo de una cueca, acariciados por el solcito de la primavera.

El Chilenismo es rico en ingenio y sabiduría popular y evoca una sociedad conservadora, que es descifrada en forma burlona con un particular sentido del humor. Se han mantenido acepciones muy antiguas, a pesar de la velocidad con que se adoptan los chat y la BlackBerry.

Ni chicha, ni limoná —connota ambigüedad—; morir en la rueda —ser leal y alude a la rueda usada para torturar durante la inquisición—; irse a la cochiguagua —vivir sin el menor esfuerzo y guagua en mapudungún es bebé, por lo tanto significa ir en el coche del bebé—; darse vuelta la chaqueta— cuando se cambia de opinión de súbito y manera oportunista, es un dicho que se remonta a la Guerra Civil y hace referencia a que los derrotados se cambiaban el uniforme—.

Es la tierra de las leyendas, no solo la de los vinos Concha y Toro, sino la del Caleuche, el barco que navega los mares chilotes y del Sur solo de noche en medio de una niebla que él produce. No hay que mirarlo, porque entonces el embrujo de sus tripulantes, que permanecerán por siempre en el mar, hará que el osado se tuerza. La Tirana, La Pincoya, Juan Soldado y hasta El Cuco son las leyendas con las que todo niño chileno crece y que pasan a formar parte, no solo de la cultura nacional, sino de la idiosincrasia.

Un país creyente en Dios y el Diablo también. Que luchó por alcanzar su independencia, evento cristalizado un 18 de setiembre de 1810. Un país que entiende el perdón, pero que se niega a olvidar el golpe traidor que cercenó su institucionalidad.

En la conmemoración del bicentenario de la independencia de Chile del yugo español, el homenaje nace desde la chilenidad que no se pierde, de la patria materna, la que acuna al nacer, en la que se crece y de la que se está alejado por la distancia, pero que no se desprende del corazón, del que sale a voz viva: ¡Viva Chile, mierda!

*PERIODISTA.