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29 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Columnistas

Peligros en nuestra democracia

Cuando se pierde la democracia y se cae en un rompimiento del orden constitucional democrático es cuando más los ciudadanos son conscien...

Cuando se pierde la democracia y se cae en un rompimiento del orden constitucional democrático es cuando más los ciudadanos son conscientes del valor de la democracia. El respeto al orden constitucional, la separación de los poderes del Estado, las libertades individuales, son todos elementos que hacen de la democracia el mejor de los sistemas. Todo lo anterior nos da la suma de factores que favorecen el fortalecimiento democrático. Una nación donde se pierden las libertades ciudadanas, o bien donde no exista separación de poderes o simplemente no se respete el orden constitucional, es el caldo de cultivo más propicio para los movimientos populares de reivindicación.

Los gobiernos que cojean en alguna de estas áreas históricamente se tornan populistas, al buscar que las capas populares sientan beneficios directos al margen de las persecuciones, arbitrariedades y desmanes que se den. Eso explica cómo dictaduras militares en nuestros países pasan a la historia dejando grandes obras y leyes sociales, mientras se registran desapariciones, asesinatos y todo tipo de ilegalidades. Pan y circo, decían los romanos. Pan y circo aun en nuestro mundo moderno parece funcionar. Hasta cuando un pueblo algo más educado, algo más preparado, empieza a ver más allá del circo la verdad de lo que acontece.

Panamá no escapa a esta realidad política. Solo que somos una democracia joven, en esta etapa, con solo veinte años de experiencia en la nueva República. Yo recuerdo días después de la invasión norteamericana, tuve un encuentro con el coronel Hassan, quien salía de una reunión con el general Cisneros. Me preguntó si pensaba seguir mi programa de radio, ahora en oposición. Le dije que lo estábamos pensando y me pidió que no lo parara, para los norteamericanos, me dijo, lo más importante era la libertad de prensa, una prensa responsable que sirviera de peso y contrapeso a las gestiones de gobierno, señalando y denunciando irregularidades si se daban.

Los gobernantes panameños, sin embargo, han tenido en estos veinte años serios encontrones con los medios de comunicación, tratando muchas veces de silenciar la critica o cerrarles las opciones de continuar. Un verdadero problema para una democracia es el perder la libertad de prensa, especialmente de una prensa objetiva e imparcial, investigativa y analítica. Los problemas diarios del pueblo, del electorado, sin embargo, no son los problemas de la democracia. El pueblo se preocupa hoy por el costo de vida, la falta de seguridad, la corrupción. Pero la democracia peligra por la falta de una real libertad de prensa, la concentración de los poderes del Estado y la corrupción en los órganos del Estado. Una corrupción que hoy afecta mayormente al Órgano Judicial, creando una serie de problemas colaterales a la democracia y el desarrollo.

Hoy, el panameño no cree en la justicia oficial. Hoy, la credibilidad en la Corte Suprema, Tribunales Superiores, jueces y fiscales esta en entredicho. La seguridad jurídica ansiada por inversionistas peligra y el propio ciudadano común constantemente se enfrenta a situaciones con corregidores, policías, autoridades civiles sintiendo que no hay un verdadero sentido de justicia en el país. Mientras las cárceles continúan con detenidos que no han sido procesados, otros detenidos por situaciones que no ameritan su arresto, pero simplemente como parte del uso de la fuerza que la autoridad detenta. La misma sacada de la procuradora general afectó la imagen del Órgano Judicial y de paso tocó igual al Ejecutivo.

Hoy muchos dudan de la independencia del Órgano Judicial, al margen de la imagen que proyecta.

Panamá tiene que hacer un alto y evaluar nuestro desempeño. Hay que corregir aquellas cosas que permiten las actuales distorsiones. Garantizar una verdadera separación de poderes, garantizar una verdadera libertad de prensa, asegurar con medidas imparciales las designaciones de los más capacitados en los cargos claves de contralor general, procurador general y magistrados de la Corte Suprema, quienes a su vez deben garantizar los nombramientos adecuados de jueces y fiscales. Una legislación adecuada de contrataciones públicas y una verdadera política de transparencia garantizarían al país el camino adecuado al desarrollo integral. Los peligros hoy a la democracia deben ponernos a todos, independiente del partido político en que militemos, a unirnos en el diseño de la nueva república. Con el compromiso formal de la clase política y la sociedad civil de aportar lo que sería mejor al país y no lo que favorece mis ambiciones personales o partidistas.

*INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.