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19 de Apr de 2021

Yolanda I. Crespo D.

Columnistas

La vida era eso

Es una novela que nos saca las lágrimas. Implica lo que sucede durante el duelo, la lucha por salir adelante.

La literatura tiene un efecto mágico, terapéutico, para quien lee y escribe. Aprender a perder es aprender a vivir.

Carmen Amoraga, ha escrito una novela íntima, un homenaje a la vida y a la muerte. Reconstruye el duelo, la pérdida de los seres queridos, la recuperación.

Escrita para aquellos que sufren y se levantan cuando la vida los derrumba, el gran dolor que sentimos ante la pérdida del ser amado, cómo hacemos para sobrevivir sin él.

Es una novela que nos saca las lágrimas. Implica lo que sucede durante el duelo, la lucha por salir adelante.

Giuliana, queda viuda repentinamente, su esposo William fallece de cáncer. Dejando dos hijas pequeñas. El dolor de la pérdida cambia sus vidas drásticamente, recorremos con ella las distintas etapas para sobrevivir la muerte de la persona amada, este es el tema del libro.

‘Comprendí que la escritura cicatriza las heridas en el instante de abrirlas. He tomado conciencia que el tiempo no es infinito’.

Esta novela está dividida en las cinco fases del duelo: Negación, Ira, Negociación, Depresión y Aceptación. Las fases del duelo hay que vivirlas para superar la pérdida. A cada uno le lleva un tiempo determinado, pero hay que pasar por todas las etapas de adaptación.

Todos los que hemos perdido un ser amado, esta novela nos reconstruye el proceso del duelo.

La muerte del ser amado desgarra el alma, siempre tenemos el deseo de recuperar al ser querido, aunque sea en los sueños, amanecemos llorando la pérdida definitiva.

Esperanza de un reencuentro después de la muerte, porque el amor no se termina con la muerte, se mantiene firme a través de los años, el recuerdo del ser amado nos acompaña siempre, lo llevamos grabado en nuestro corazón.

La protagonista se comunica con su esposo a través de Facebook y una serie de amigos virtuales que hereda de su marido, le dan fuerza. Intenta rehacer su vida, pero no es fácil. Decide viajar a Argentina con sus hijas a ver familiares y amigos, esto la conforta mucho.

En el colegio de sus hijas, la directora la llama para entregarle una carta de su esposo donde le pide que siga a delante, que rehaga su vida.

A todos los que hemos perdido a alguien muy querido nos cuesta mucho vivir sin esa persona que ha fallecido, el proceso del duelo es necesario para superar la crisis, salir adelante. Por eso es tan importante asistir a las ceremonias religiosas, misas, rezos, momentos sagrados donde se recuerda al ser querido. Giuliana guarda las cenizas de su esposo en casa para tenerlo siempre cerca, era judío, ellos acostumbran a enterrar a sus muertos bajo tierra.

La mejor manera de superar este dolor es compartirlo con otras personas a través de terapias, redes sociales, y la escritura. Enternecedora historia. La compañía y el apoyo ayudan mucho.

La novela entra en los recuerdos de una viuda, que enfrenta el proceso de su viudez, luego de la muerte de su esposo, los planes que nunca llegaron a concretarse, el dolor de sus hijas, el vacío que deja el fallecimiento de un ser amado. Giuliana hereda de su marido la gracia de la interacción, la compañía de la familia y seres queridos, será un bálsamo que ayudará a superar el duelo.

La actividad en las redes sociales auxilia a enfrentar el dolor, la soledad, para situarse en un presente más positivo.

Amoraga utiliza misivas, chats, correos electrónicos como materia prima de la narración dándole vida, recuerdos, reflexiones, ‘flashbacks’, sueños con el difunto. Amoraga encuentra que la muerte se lleva los malos recuerdos, dejándonos buenos recuerdos.

El sueño nos extrae de nuestro ensimismamiento, nos devuelve a la realidad. Después de la desesperanza regresa la esperanza y la aceptación. Soñar es sentir que estamos nuevamente con nuestra persona amada, ayudándonos a cerrar un capítulo de nuestra vida y abrir uno nuevo.

PSICÓLOGA