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27 de May de 2020

Domingo Espinosa G.

Columnistas

Los últimos días de Pompeya

En los últimos cinco años, el presidente lle vó a Panamá a convertirla en la Pompeya moderna, donde el despilfarro del erario

Cuenta la historia que Pompeya se convirtió en la ciudad símbolo del Imperio Romano, en los tiempos del Emperador Nerón, a tal punto de convertirse en una metrópoli de leyendas, intrigas, conspiraciones y traiciones; es decir, hacían gala del despilfarro y opulencia de los impuestos del pueblo, hasta que en el año 79 d.C. quedó sepultada, por la lava del Vesubio.

En los últimos cinco años, el presidente lle vó a Panamá a convertirla en la Pompeya moderna, donde el despilfarro del erario, la destrucción de las instituciones públicas, excepto el Tribunal Electoral, que con firmeza enfrentó y resistió los embates de los sátrapas. Si otras instituciones como la Corte Suprema, Asamblea, Controlaría, Fiscalía Electoral y Ministerio Público, hubiesen asumido su rol fiscalizador, no se habría retrocedido tanto en la consolidación democrática. Esto sucede cuando los gobernantes no entienden que el país que dirigen no solo está constituido de infraestructuras, sino de un cuerpo de leyes e instituciones que le dan el sostén y personalidad al Estado, que permita la convivencia pacífica.

El 4 de mayo no cayó lava en Panamá, sino una nube de votos que sepultó las pretensiones del gobierno de perpetuarse en el poder, y el pueblo con esa sabiduría innata, logró dar un golpe de timón y salvar al país de una hecatombe; además, el resultado de la elección presidencial los tomó por sorpresas, dejándolos turulatos, a tal punto que el Presidente opta dirigirse al Tribunal a verificar cifras, cuando supuestamente eran otras sus intenciones. Las expresiones ‘palos les vamos a dar si no cumplen’ no son más que resentimientos de un mal perdedor. Esto denota que aquí no perdió José Domingo Arias, sino el ‘jefe’; y la pirámide de poder que pensaba montar iba a ser el crujir de dientes de los panameños.

Estos lobos vestidos de ovejas sorprendieron la buena fe del pueblo, que intuyó que los ‘nuevos’ políticos no traerían días de prosperidad para el país, sino días aciagos, ruina, hambre…. El pensamiento bíblico reza que ‘por sus frutos los conoceréis’, fueron el saqueo del erario y la institucionalidad pública, y para muestra un botón: Una contralora que jamás auditó algo, más bien levantó el control previo, despilfarró y elevo la partida discrecional, violentó el órgano judicial y legislativo, superó los viajes presidenciales, se presumen sobrecostos y coimas en las obras públicas, irregularidades en la Autoridad Marítima, supuestos enriquecimiento ilícito, proyectos llave en mano, pandemias, inseguridad, educación pírrica, huelgas, violación de derechos humanos (Bocas del Toro, Comarca Ngäbe-Buglé y Colón ), que es un caso digno de ser llevado al Tribunal Penal Internacional. Pero no contento con todo ese desastre administrativo, golpea a todo adversario que no está de acuerdo con su locura, persigue a los empresarios competidores, dizque por no pagar impuestos. Pero como la soberbia pudo más que la sensatez, ha acumulado una cantidad de enemigos internos, aunque más peligrosos son los externos. En ese derroche de ‘ganagracias’ arremetió contra cubanos, norcoreanos, palestinos, venezolanos, carteles, y otros. Es posible que, para que el inquilino saliente del Palacio de las Garzas el 1° de julio no pueda disfrutar de su cuestionada fortuna, guardada ¡quién sabe en qué ‘cueva’!, deba conducirse con mucha precaución porque estos gratuitos enemigos podrían estarse imaginando cosas maquiavélicas. Concluyo parafraseando a José Mujica, presidente de Uruguay: ‘la política es para servirle al pueblo y no para servirse de ella‘.

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