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07 de Jun de 2020

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Genaro López

Columnistas

Nuestro derecho al agua

Abogamos por un enfoque de desarrollo sostenible, que obliga a que la administración del uso de los recursos naturales se fundamente

El acceso al agua potable es reconocido como un derecho fundamental de las personas. Según expertos cada persona necesita aproximadamente 20 litros de agua al día, que le permitan cumplir funciones vitales de vida: beber, cocinar, asearse.

El abastecimiento de agua presenta tres categorías: construidos, mejorados e improvisados. Según el Censo de Población y Vivienda (2010), 92.9 % de la población panameña tenía acceso a agua potable vía los suministros construidos y mejorados. No obstante, en las comarcas indígenas Emberá y Ngäbe Buglé más del 60 % de la población no tiene acceso a agua potable.

En los últimos años, sobre todo en la ciudad de Panamá, cada vez es más frecuente la segunda categoría, es decir, el abastecimiento de agua a través de carro cisterna y agua embotellada, ésta última con altos precios en el mercado. En el área rural, amplios sectores de comunidades en pobreza y pobreza extrema se abastecen de agua a través de pozo sanitario o brocal no protegido, agua de lluvia, pozo superficial, río, quebrada o lago, que por su naturaleza están expuestos a contaminación. El suministro de agua vía acueducto (proporcionada principalmente por el IDAAN), que garantiza un alto nivel de protección contra la contaminación, es cada vez más ineficiente producto de la políticas públicas dirigidas a restar participación Estatal y dejar en manos privadas el suministro.

En este escenarios es recurrente la ruptura de tuberías donde se desperdician miles de galones de agua potable, la interrupción del servicio por horas, la falta de mantenimiento adecuado a las potabilizadoras.

Estas son algunas de las condiciones que llevan a los pobladores a movilizarse para exigir se respete su derecho al agua. Según los reportes de medios de comunicación escrita, en promedio, en Panamá se registran unas cuatro movilizaciones semanales de las comunidades exigiendo el vital líquido.

Panamá posee 52 cuencas hidrográficas, más de 500 ríos entre las vertientes del Atlántico y del Pacífico; tiene una disponibilidad de agua dulce de 202,991 hectómetros cúbicos de agua, para satisfacer una población de 3.5 millones de personas. De esta disponibilidad de agua, solo el 6.55 % es utilizada en actividades económicas y humanas. La huella hídrica es de 979 m3/personas al año. El sector que utiliza mayormente el recurso hídrico es el energético (9,861 hm3 anuales), paso interoceánico por el Canal (2,623 hm3 anuales), riego de cultivos agrícolas (503 hm3 anuales), abastecimiento de agua potable 294 hm3 anuales).

Uno de los graves problemas es que el país adolece de una política responsable respecto al manejo del recurso hídrico. Sumado a ello, los problemas ambientales, concentración de la población, las actividades económicas (modelo de crecimiento excluyente, depredador del ambiente y derrochador de energía), falta de un ordenamiento urbanístico. Además de las concesiones indiscriminadas de las fuentes de agua para la generación eléctrica, el descontrol en la tala de árboles, parte de la cual es autorizada por los entes que deben velar por su sostenibilidad, las concesiones mineras; con lo cual se destruyen los ecosistemas que hacen posible la existencia del recurso Agua.

He aquí algunos de los principales retos que tiene el país para garantizar el acceso de la población al agua potable, los cuales no pueden ser atendidos con una política económica neoliberal que pone las ganancias por encima de las necesidades humanas.

Abogamos por un proyecto social que asuma con convicción y decisión un enfoque de desarrollo sostenible, que obliga a que la administración del uso de los recursos naturales se fundamente en la separación territorial de acuerdo a cuencas hidrográficas. Este enfoque de administrar los recursos naturales y todos los servicios que ellos proveen, de una manera integral, permite que el agua sea el instrumento de articulación social y territorial, confirmando su significado de VIDA.

SINDICALISTA