Temas Especiales

05 de Dec de 2020

Paulino Romero C.

Columnistas

Tributo de homenaje a la patria en su día

Nuestra actual concepción de la Patria está fatalmente condicionada a las libertades, deberes y derechos sustantivos

Hoy 3 de Noviembre de 2014, se cumplen 111 años de la República de Panamá. Orgullosamente la Patria mía, y nunca dejaré de ser un verdadero panameño, de sangre y de espíritu. Y es necesario que en esta hora en que voces de infalible profecía caldean la atmósfera, cada cual contribuya en su medio y medidas a la dignificación y el engrandecimiento de esta Patria de todos, en que caben todos los milagros porque en ella alienta un tesoro de juventud física y moral que el mundo espera alborozado.

¿Cómo no obedecer, con fe en los valores propios, a los toques de las dianas patrióticas que nos están llamando a la contienda pacífica y proficua del estudio y el trabajo, a la sombra de nuestro tricolor (la bandera nacional), que parece doblarse bajo el peso de su gloriosa tradición?

En el fuero individual, en lo hondo de cada ser racional conformado a la existencia en comunidad corporal y espiritual como implicancia de superior disciplina, la definición de la Patria es algo ingénito, instintivo, infalible e intangible como todas las abstracciones que afectan a la integridad del Yo insobornable y prepotente por delegación divina.

El respeto a la tradición es parte inmanente del amor a la patria y no puede separarse del concepto de la nacionalidad, sin que importe saber que la raíz tradicional tenga más o menos años de penetración en la conciencia de los pueblos. Por muy joven e inexperta que sea una comunidad, lo cierto es que todos los pueblos de la tierra poseen siempre un caudal propio de tradición que les da fisionomía y personalidad siquiera haya sido formado simplemente por productos sedimentarios de su periodo de gestación orgánica, que, en el orden del nacimiento de las naciones, puede durar a veces siglos del mismo modo que puede ser obra de pocos años.

Nuestra actual concepción de la Patria está fatalmente condicionada a las libertades, deberes y derechos sustantivos, que son y deben ser nuestras virtudes excelsas en perpetua acción militante: nuestro concepto integral de la Patria no cabe en otra caverna que no sea el universo entero.

¿Cuál debe ser la renovación de nuestro solemne juramento en este 111 aniversario de la Patria panameña? Juremos todos por ella, luchar por ella, honrarla con nuestros actos y engrandecerla con nuestras obras, respetarla en sus símbolos y dignificarla en sus instituciones, afianzarla en la obra práctica de su independencia económica, sin la cual la independencia política parece una ironía; y estemos seguros de que de este modo haremos patria de verdad, cuando cada uno de nosotros, como las ramas prodigiosas del árbol religioso de nuestra imagen, eche raíces desde arriba para que prendan en la tierra ubérrima y piadosa para formar nuevos árboles fuertes y majestuosos, que han de dar nueva y más fresca sombra hospitalaria, y más jugosos frutos de bendición para ofrecerlos a la generación que viene.

El respeto a las instituciones republicanas, a la soberanía de otros pueblos y la palabra empeñada, que caracterizan el espíritu americano, forma un trípode gigantesco de luz que señala en esta hora de confusión y desconcierto, la superioridad mental y moral de los hombres y mujeres que aman el bien, la justicia y la solidaridad.

Desde hace 14 años administramos soberanamente nuestro recurso más preciado: el Canal de Panamá. Fue finalmente, el resultado feliz después de aprobados los Tratados Torrijos-Carter, en 1977, luego una lucha diplomática cuasi-secular con EE. UU., país constructor de la vía interoceánica e inaugurada el 15 de agosto de 1914. Hoy nos encontramos en proceso de ampliación del Canal para facilitar el tránsito de buques de mayor calado en un esfuerzo común para un moderno y mejor servicio al comercio y la navegación mundial.

La patria natural, la tierra en que nacimos y convivimos bajo un signo común, es de suyo y por ley biológica, la deidad del culto de todos, y todos estamos bajo su advocación en cuanto la honramos con nuestras vidas regulares y útiles, con la pureza de nuestras costumbres y con la limpieza de nuestros pensamientos.

*MAESTRO DE CIUDADANOS.