28 de Nov de 2022

  • José A. Amador Velarde

Columnistas

El octogenario

‘La vida es compleja y debemos saber vivirla. Recordemos, la felicidad y la tristeza son pasajeras’

El octogenario
El octogenario

Hoy, 5 de noviembre, vamos a ‘conmemorar’ nuestro nacimiento hace ochenta años; mejor dicho la ‘existencia’ y celebrar los años de vida tenidos durante este tiempo. Llegar a esta edad, ha permitido acumular grandes experiencias, las cuales han servido para afrontar este catastrófico y convulsionado mundo. Por ello queremos hacer reflexión con relación a lo que llamamos vida.

Establecemos la diferencia entre ‘existir’ y ‘vivir’, producto de la enseñanza de nuestra progenitora, aunque en condiciones de inconsciencia, por estar en los últimos dos años de su existencia en estado vegetativo, nos mostró la diferencia existente, con relación a lo que llamamos vida. Su cuerpo presente; pero no mostraba saber quién o dónde estaba y se mantenía inerte en una cama. Cuando vino el desenlace final y morir en paz de su Dios, sentimos una gran tranquilidad, porque había terminado su agonía y borraba de nuestra vista esa triste y lamentable imagen de una mujer que durante su vida fue fuerte y luchadora, educándonos, y educando a cientos de niños y jóvenes, por haber sido maestra durante más de treinta años. Hoy, la recordamos con esa actitud de madre que nos permitió ser lo que somos. Por eso, decimos que nos accedió establecer la diferencia entre existencia, vida y sueño.

Debemos considerar tener tres etapas: existir, vivir y dormir. La primera no muestra presencia física, mientras la vida es el desenvolvimiento de cada uno durante ese tiempo y dormir la etapa de reconstrucción natural del cuerpo humano, en donde estamos, pero sin vida consciente, a considerar que al dormir no vivimos. Esto significa que nuestra vida está dividida en tres etapas: ‘Existir como humanos’, ‘vivimos’ al tener conocimiento de nuestros actos y acciones, dos terceras partes de estar presentes en la Tierra y una tercera la dedicamos a descansar. Por consiguiente, he existido ochenta años de los cuales más de veintiséis los he dormido y los otros cincuenta y tantos los he vivido, desarrollando mis actividades. Nos damos cuenta de lo corto de la vida. Al dormir no estamos conscientes de nuestros actos e incluso pienso que durante esa etapa, parte de ella, nos muestra lo que significa morir. No tener conocimiento de nada. Es la cuarta fase del sueño.

Otro aspecto importante considerado, es desconocer o valorizar la vida. Cuando preguntamos a personas: ¿Qué significa la vida? Recibimos toda clase de respuestas y algunas dejan entrever que hay quienes ni siquiera saben por qué viven o para qué están en el mundo. Así es el ser humano. En cambio, para don Yuto Herrera: ‘La vida es un enjambre de novedades; de altibajos emocionales, de sueños y proyectos, de amores irredentos, de algunas complicaciones buscadas y otras fortuitas, Que debemos cambiar de actitud a lo largo de la experiencia. De poder reírnos de cosas por las que sufrimos sin que valiera la pena. De los duros golpes por los errores cuando desacertamos y el efímero gozo cuando es lo contrario. La vida es un diario bregar, hasta que nos damos cuenta de que el tiempo ha pasado y que envejecimos’.

Debemos valorizar nuestra vida y aprovechar, de la mejor manera, el tiempo que vivimos. Planificar y cumplir metas, subsistir dentro de una sociedad acatando las reglas para vivir en armonía. No hacer daño al prójimo y lograr lo mejor para cada uno. Quienes llegamos a ser octogenarios con pleno conocimientos y facultades normales, reafirmamos: ‘Solo los ancianos reconocen que la vida es corta’.

Para muchos la vida no vale nada y se la quitan a otros con o sin justificaciones. El valor a la vida se ha ido perdiendo y estamos entrando en un mundo sin sentimientos.

Cuando me preguntan: ‘¿Cómo estás?’, respondo ‘¡VIVO... Y ES BASTANTE!, POR LO MENOS VI LA MAÑANA... NO SÉ SI VERÉ LA NOCHE!’.

Siempre pienso que el destino me dará oportunidad de existir y vivir unos cuantos años más y si no... ‘SOLO SERÉ RECUERDO’, como el mejor de todos. Porque ningún muerto es malo, todos al morir nos convertimos en lo mejor que ha habido.

La vida es compleja y debemos saber vivirla. Recordemos, la felicidad y la tristeza son pasajeras.

*HISTORIÓGRAFO Y ESCRITOR.