Temas Especiales

25 de Nov de 2020

Antolino Herrera Castillo

Columnistas

¿Qué nos falta en San Miguelito?

Si acaso por imitación, un mercadito público aflora en la mente de alguno de nuestros gobernantes

San Miguelito es el distrito más populoso del país. Sumando los habitantes de las provincias de Herrera y Los Santos, les superamos. Igual, si tomamos a Bocas del Toro, Darién y Herrera, por ejemplo, nos acercamos a la igualdad. De ahí que por la densidad de población, así como el número de sus habitantes, unos 317 000, deberíamos contemplar todos los adelantos modernos, usos tecnológicos, así como los requerimientos más elementales para una vida plena y decorosa.

Estos hechos dirían si de verdad somos un distrito o simplemente un refugio de personas que buscaron el amparo del distrito, expresado en los menores costos de las viviendas, la cercanía a la capital con mejores oportunidades de empleo, oportunidades de estudios y otras cosas atrayentes, pero iguales de peligrosas.

El planteamiento en ciernes es este: tenemos conocimiento de que la AUTORIDAD DE LA REGIÓN INTEROCEÁNICA, ARI, hace unos doce años, donó o separó cerca de 43 hectáreas de tierra para el distrito. Ahí se construiría un parque industrial, la Universidad y creo que también el cementerio del distrito. Somos conocedores también de que estas tierras han entrado en conflicto con precaristas en el área de Mocambo. De hablar claro, diríamos que el pueblo de San Miguelito no tiene aún dónde enterrar a sus muertos.

Cada vez que alguien parte de este mundo, sus deudos tienen que mendigar un espacio en otros cementerios como Juan Díaz y Pueblo Nuevo y quizás se van hasta Arraiján. Si se fijan en el perímetro entre el almacén El Machetazo, el Supermercado El Fuerte y el mismo viejo paso elevado, encuentra usted todo tipo de actividades económicas. Ah, los amados emprendedores, acariciados por la administración anterior con todo tipo de promesas, pero que siguen ahí, o por ahí, sin la menor esperanza para sus micros y pequeños negocios.

En este lugar contamos con el agravante de ser uno de los más contaminantes del país. Pero esto a quién le importa, si las partículas contaminantes ni se ven; quizá un poco de tos, un leve dolor de cabeza y el día de trabajo está superado. Si acaso por imitación, un mercadito público aflora en la mente de alguno de nuestros gobernantes. Ocupados en otros menesteres, como arreglos políticos, jamoncitos tiernos y sabrosos, aunque pasados en sal, les impiden ver estas realidades.

Otro hecho que desafía la imaginación del más pintado, es el BANCO NACIONAL que opera aquí. Resulta ser más pequeño que una casa de familia y, por la misma razón, los funcionarios del banco se ven obligados a atender a muchas personas por cada segundo. Por ser un área de confluencia, los pobladores la prefieren, gracias a los servicios del transporte y sus negocios más cercanos. Volviendo al caso de los emprendedores; laboran en condiciones de estrechez; de manera insalubre. A escasos centímetros, que no metros, los buses, tráilers, taxis y otros vehículos pasan muy de cerca de ellos. También tienen que soportar las variables condiciones del tiempo: sol o radiación intensa, lluvia repentina, humo, polvo, mucho, pero mucho ruido, superior a lo normal.

Tampoco existe una biblioteca o lugar público (Infoplazas, quizá) donde los ciudadanos puedan resolver sus tareas (caso de los estudiantes) y otros profesionales. Algo que siempre me ha llamado la atención sería la carencia de sitios como los parques recreativos. El más conocido en Panamá, es el Parque Omar, siempre ocupado, apreciado y utilizado en múltiples eventos.

Generalmente las constructoras construyen en cada barriada un parquecito bastante mezquino, como para cumplir con la Ley. Pienso que la administración pública que se dé a la tarea de edificar parques recreativos, dos, por cada distrito, será recordada como una de las más brillantes o de las mejores.

¡Muchos saludos!

*ECONOMISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.