Temas Especiales

29 de Nov de 2020

Alberto O. Cabredo E.

Columnistas

Familia, escuela y sociedad un solo átomo

‘Preocupa que un menor no emancipado pueda asistir a un médico..., (y) desarrolle una vida distinta a la que... imagina la familia...’

El hombre se encuentra siempre en la búsqueda de dar sentido a su existencia y por ello, desde siempre se ha preguntado cuál es la mejor forma de explicarse, percibir y regir la misma. A este respecto, debemos afirmar que la Regla de Oro —que enseña a tratar a los demás como usted quiere ser tratado—, es un denominador común en muchas de los principales códigos morales y religiosos.

Por otra parte, debemos afirmar que dependiendo de la postura ética que adoptemos frente a la vida, decidiremos cómo proceder día a día y así —si adoptamos un sistema puramente pragmático— se puede afectar la forma en que afrontamos un problema social; por ello no es extraño que en los medios periodísticos y foros de opinión se proponga soluciones al problema del embarazo precoz ya una vez causado o sea, ya embarazada la menor, lo cual resulta del todo equivocado, pues dicha postura olvida la importantísima relación que debe existir entre familia, escuela y sociedad, sin dejar de lado el sistema de salud, a fin de prevenir esta situación antes que se produzca, con una enseñanza fundada en fuertes criterios éticos y morales, para no afectar el futuro de los jóvenes, el no nato, la familia y la sociedad en su conjunto. Así, por ejemplo, nadie discutirá que una menor de catorce años con tres hijos tiene ante sí un futuro de muchas fatigas, y que ella y sus hijos son un desafío que todos, solidariamente, debemos enfrentar para su mejor solución, en una sociedad que debe verse a sí misma como una gran familia.

No podemos olvidar que en la formulación de una estrategia de vida, lo primero que debemos tener claro es qué deseamos ser a futuro, o sea, en qué queremos convertirnos como individuos y ello motivará y dirigirá nuestro acontecer a futuro. Por ello, es necesario que los adolescentes comprendan la responsabilidad que implica procrear y se abstengan de actuar por puro instinto, sin otro propósito que la búsqueda del placer por el placer mismo, y para ello debemos darles los elementos necesarios para que sepan discernir entre lo que conviene a su desarrollo y lo que no. Se trata sin duda de un problema complejo que debe involucrar comprensión, tolerancia, solidaridad, disciplina y consejo.

Preocupa que un menor no emancipado pueda asistir a un médico y con base en el principio de confidencialidad, desarrolle una vida distinta a la que siquiera imagina la familia, sin la advertencia o consenso que debe procurarle la misma con base en la patria potestad; ¿acaso la patria potestad no es un medio de protección, cuidado, asistencia, educación y un medio de suplir el desconocimiento o la incapacidad del menor, y acaso ésta no implica el deber de los padres velar por los hijos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral y corregirlos razonablemente?

Luego, ¿cómo puede explicarse que se pretenda cercenar el derecho y la obligación de los padres de procurar el mayor bienestar a sus hijos, privándoles de la toma de decisiones ajenas a su mejor conveniencia, impidiéndoles conocer, por omisión de quien sí conoce lo que ocurre, decisiones trascendentales que pueden afectar no solo la vida del menor, sino a la familia en su conjunto?

Situaciones como ésta preocupan en una época cada vez más permisiva, en que parece entenderse por algunos que ver la familia como un elemento natural, universal y fundamental de la sociedad, que debe regirse por un connatural vínculo de afinidad y unidad, puede conculcar derechos a los menores que forman parte de ella.

—Comisión de Valores del Club Rotario Panamá.

*ABOGADO-ROTARIO.