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27 de Nov de 2020

Paulino Romero C.

Columnistas

Descripción interna del proceso educativo

Para obtener una visión integral del proceso educativo es menester remontarse hasta el núcleo constitutivo de la vida espiritual humana

Descripción interna del proceso educativo
Descripción interna del proceso educativo

El proceso educativo consiste en la función ordenadora de la razón sobre las operaciones humanas. La filosofía del proceso educativo debe tratar de llegar a una concepción integral del mismo proceso. A la antigua pedagogía humanista, empeñada en cultivar el saber intelectual desinteresado de la vida y de la acción práctica, oponen hoy los educadores otra pedagogía de signo contrario con marcada tendencia al predominio de la actividad externa y del saber hacer.

Un análisis más profundo del problema nos hace sospechar que ni una ni otra forma de pedagogía logra remontarse por encima de particularismos estrechos e insuficientes. La falta común en que incurren ambas pedagogías contrarias consiste en identificar el proceso educativo con algún tipo particular de operaciones humanas. De este modo se ven imposibilitadas ambas posiciones de abarcar el proceso educativo y de comprender su esencia más fundamental.

Para obtener una visión integral del proceso educativo es menester remontarse hasta el núcleo constitutivo de la vida espiritual humana. Santo Tomás de Aquino nos presenta una visión completa al describir de modo general las operaciones que constituyen la vida humana: el primer género de operaciones humanas lo forman las estrictamente cognoscitivas, que están ordenadas a la aprehensión intencional a la realidad objetiva; el segundo, las operaciones morales, que se atribuyen a la voluntad, ya que esta facultad es, junto a la razón, otro principio activo en el hombre, y a ella le corresponde radicalmente el orden moral; el tercer género lo forman las operaciones, mediante las cuales el hombre interviene en el mundo, modificando, por su actividad externa, las condiciones reales que le rodean.

Aunque la vida humana se despliegue en esta triple modalidad de operaciones, ofrece, empero, una contextura notablemente unitaria. Sobre estas tres operaciones distintas se eleva la razón como principio rector primero y ordenador de todas ellas. Por ello, el horizonte de la vida espiritual en el hombre no está formado únicamente por esa triple serie de operaciones autónomas. De manera distinta, como corresponde a su naturaleza específica, estas operaciones están sometidas a la función rectora de la razón.

La influencia rectora de la razón consiste en cierta intervención ordenadora sobre las operaciones humanas. La razón interviene en ellas dirigiendo, estableciendo un orden en el desarrollo de las operaciones de acuerdo a la naturaleza específica de cada una de ellas. A la razón le compete, en exclusiva, conocer y constituir el orden; por eso, si interviene en las operaciones humanas, lo hará para ordenar. Mediante esta función, la razón no conoce, sino que dirige el modo de obrar propio del hombre en cuanto tal. Incluso, la razón establece también un ordenamiento rector sobre su propia función cognoscitiva.

La educación, en el hombre, consiste en su crecimiento espiritual. Pero no se conquista este crecimiento sino a través de un proceso activo realizado mediante las operaciones humanas. No quiere decir esto que la educación se reduzca al ejercicio activo de tales operaciones. Lo que ocurre es que la educación se va adquiriendo mediante el proceso de esas mismas operaciones humanas. La educación, pues, difiere del proceso que la realiza; la educación acrecienta el ser espiritual del hombre, pero el proceso se consuma en las operaciones humanas.

Según lo expuesto, el proceso educativo abarca conjuntamente las operaciones humanas y el control central ordenador ejercido por la razón sobre ellas. En la misma medida en que les es esencial a las operaciones el ser ordenadas por la razón, en esa misma medida la función ordenadora viene a constituir un elemento esencial integrante del proceso educativo. Sin la ordenación racional, las operaciones no deberían, en realidad, denominarse humanas, y el proceso educativo quedaría, consiguientemente, fragmentado en un aspecto fundamental.

Después de sustentar la integridad del proceso educativo, podemos concluir señalando: Que es infundado limitar el proceso educativo a ninguna determinada especie particular de operaciones humanas; que el intelectualismo y el activismo, como tesis pedagógicas opuestas, no solo sustentan una idea limitada del proceso educativo, sino también la entienden deficientemente; y que, el proceso educativo presupone la orientación realista, hacia la objetividad externa, de la función estrictamente cognoscitiva.

*MAESTRO DE CIUDADANOS.