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15 de May de 2021

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Julio César Caicedo Mendieta Portocarrero

Columnistas

La historia del panti panameño

Antes de esta influyente señora no se utilizaba absolutamente nada para cubrir la prenda preferida en todo el planeta

Yo me imaginaba que al mudarme de la capital panameña a las montañas coclesanas en los cerros: Marta, Juan Julio y La Cruz, se acabarían para mí las tenidas como las del Boulevard de la avenida Balboa, o las de Manolo en vía Argentina. ¡Cuán equivocado estaba! Hace meses me estaba acechando un viejo y laureado poeta de estas tierras con una curiosa maleta repleta de una colección más expectante todavía: una colección de pantis.

El poeta comenzó entregándome una serie de archivos amarillos en donde se leía que el primer panti creado por la humanidad fue en Italia, a mediados del año 1500 por Catalina de Médicis. De allí se desató el bardo aguadulceño a exponer del fruto de sus lecturas al respecto. Ante algunas miradas en el Dos Continentes de Penonomé, mostró duplicados del invento de la reina que la incomodidad que le provocaba a uno de sus mejores caballos se inventó ella misma el calzonario femenino. Antes de esta influyente señora no se utilizaba absolutamente nada para cubrir la prenda preferida en todo el planeta. Tuvieron que pasar tres siglos y medio para que comenzara a popularizarse el panti en el mundo.

En 1939, según el Bate de Natá, como también le llaman, apareció en un catálogo de Sears un horrendo calzonario para mujeres y eso porque las francesas que bailaban el Cancán se veían asediadas de piropos inapropiados hoy en día en la Asamblea Nacional. Y era que el baile del Cancán obligaba a las hermosas bailarinas a enseñar la sonrisa vertical en determinados momentos.

De los pantis del Istmo se sabe que desde antes que nos uniéramos voluntariamente a Colombia, aquí se hacían con la tela de los sacos de harina que trajeron los gringos del Ferrocarril. Y de allí con el tiempo pasó la costumbre a Cartagena, porque muchas damas de alto turmequé venían a dar a luz en Panamá. En Penonomé, según mi nuevo amigo a los pantis, les llamaron los alcahuetos.

ESCRITOR COSTUMBRISTA.