Temas Especiales

15 de Jan de 2021

Luis Carlos Guerra

Columnistas

Asamblea maquiavélica

La moral de un Gobierno transparente que en todo caso ha basado sus principales acciones y discursos contra la corrupción

La realidad de la escogencia del nuevo presidente de la Asamblea Nacional (AN) es la siguiente: aquellos que para los Panameñistas resultaron en un momento con hedor a corrupción, resulta que ahora convenientemente se convierten en los mejores aliados para el voto ganador en la Asamblea.

La moral de un Gobierno transparente que en todo caso ha basado sus principales acciones y discursos contra la corrupción en la persecución del máximo líder del partido Cambio Democrático, Ricardo Martinelli, ignora y utiliza, como quien lava capitales ilícitos, a aquellos que fueron parte del Gobierno ‘más corrupto' y que, igualmente, han sido señalados por malversación de fondos millonarios.

Un mal mensaje se sigue enviando a la sociedad, el desconocimiento de las formas, fondos jurídicos y democráticos que legitiman un proceso también valen como medio para obtener poder o prebendas. Es decir, el maquiavelismo político, el fin justifica los medios, sigue siendo la praxis del proceder político que excusa todo aquello necesario, aunque sea ilegal, desleal, deshonesto o fuera de las normas de consenso de un colectivo, si abre las puertas del poder, es valedero.

El PRD sigue perdiendo institucionalidad, nunca he estado de acuerdo que un diputado que llegó a la curul gracias al respaldo cuantitativo y cualitativo de su estructura, que le permitió proyectarse hacia el electorado, desconozca, ignore y enfrente de manera abierta y desafiante posturas que son parte de un proceso igualmente democrático, amparándose en el blindaje jurídico que no ostentara si el partido no lo hubiese postulado en un momento determinado.

Es lastimoso, indignante y decepcionante cómo el elector ve impávido a personajes que llegan a la curul y tienen todo un prontuario de transfuguismo político, deslealtad ideológica y acciones a conveniencia personal, mantenerse como dependientes casi eternos del erario, sosteniendo modos de vida por encima del ciudadano común, dejando entrever que la traición o venta por unas monedas no necesariamente hoy llevan al suicidio político.

El no castigar o simplemente actuar con un leseferismo político, donde el dejar hacer y dejar pasar es lo que ha generado las crisis de institucionalidad, toda falta de respeto a la autoridad o a los procesos legítimos o bien el desconocimiento de líneas u órdenes propias de instancias democráticas, si no tienen sanción, siempre serán recurrentes. Es como quien no castiga al delincuente, siempre volverá a delinquir.

*ABOGADO, MIEMBRO TRIBUNAL DE HONOR DEL PRD.