25 de Feb de 2020

P. Fernando Pascual

Columnistas

Ante las diversidades humanas

Somos diferentes. Incluso dos hermanos gemelos tienen sus peculiaridades. Nadie es fotocopia de nadie. ¿Dónde nacen las diferencias?

Somos diferentes. Incluso dos hermanos gemelos tienen sus peculiaridades. Nadie es fotocopia de nadie. ¿Dónde nacen las diferencias? ¿Cuáles son las causas de la diversidad? Son muchas, como muchos son los factores que explican la enorme variedad que existe entre los seres humanos.

Unos son diferentes por sus cromosomas. Otros por el clima y el ambiente en el que nacieron. Otros por la mejor o peor acogida en el hogar. Otros por enfermedades contraídas a lo largo del tiempo. Otros por decisiones propias o ajenas. Otros por accidentes e imprevistos que provocan un cambio radical en la propia vida.

Son miles las causas de la diversidad. Entre ellas también hay que incluir las ideas que uno acoge en su mente y las acciones que uno escoge libremente. Porque nada es indiferente en la vida humana: todo deja una huella en los corazones.

Desde tantas causas y con tantas respuestas, surgen nuevas preguntas: ¿son legítimas y buenas todas las diversidades? ¿Valen lo mismo cualquier idea y cualquier comportamiento que uno tenga? ¿Se puede decir que la diversidad es algo positivo o hay que separar en grupos algunas diversidades con ayuda de la clásica distinción entre el bien y el mal?

Intuimos fácilmente que no todo vale lo mismo, y que hay diversidades que generan daños. Basta con pensar la diferencia profunda entre quien opta por engañar y abusar de otros, y entre quien busca defender la justicia, ayudar a los débiles, desenmascarar las mentiras.

Por lo tanto, no todas las diversidades pueden ser vistas como equivalentes. Hay tendencias que producen enormes daños para las personas e incluso para el ambiente, como la que caracteriza a los pirómanos. Hay comportamientos ocasionales o habituales que hieren la dignidad de miles de personas, como los que provocan ladrones ‘casuales' o grupos de mafiosos ‘habituales'.

Otras diversidades, en cambio, pueden convivir de modo armónico en la sociedad. Quienes aman la lectura, la música, la naturaleza, la investigación científica, enriquecen el mundo, siempre que no lleguen a comportamientos obsesivos que les encierren en sí mismos hasta olvidar injustamente las necesidades de los pobres, los ancianos y los enfermos.

Vivimos en un mundo lleno de diversidades. Reconocer que no todas valen lo mismo es posible desde el amor a la justicia y a la verdad. Acoger aquellas que permiten y promueven el estudio serio, la convivencia, la paz y la justicia, nos ayudará a vivir con un espíritu abierto hacia tantas diferencias sanas que enriquecen las sociedades y las culturas.

*SACERDOTE Y FILÓSOFO. ROMA, ITALIA.