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29 de Feb de 2020

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Julio Yao Villalaz

Columnistas

Visión histórica de la ampliación (1)

Me acompaña María Muñoz, dirigente y vocera de la Coordinadora Campesina contra los Embalses, miembro del Comité procierre de Mina Petaq...

Me acompaña María Muñoz, dirigente y vocera de la Coordinadora Campesina contra los Embalses, miembro del Comité procierre de Mina Petaquilla y compañera de lucha en defensa del campesinado y pueblos originarios.

El tratado de 1903 estipulaba que la concesión del Canal sería perpetua, pese a que la vía acuática tendría una durabilidad limitada por su capacidad para manejar el tránsito. La vía acuática fue construida y reconstruida entre 1914 y 1936, y así fue consignado en el Tratado Arias-Roosevelt de este año que puso fin a la entrega de tierras, aguas y tierras cubiertas por agua que la Zona demandaba frecuentemente para aumentar su tamaño.

El Canal fue transformado gradualmente en otro de manera imperceptible, al alterarse sus estructuras, cauce, caudal, nivel de las aguas, motores, mulas y la iluminación. Todo ello, bajo la voluntad omnímoda de Estados Unidos, que actuaba como si fuera soberano.

Así se construyó la represa de Madden, hoy Alajuela, en 1927, y se empezó la ampliación del Canal con un tercer juego de esclusas en 1936 para permitir el paso de los portaaviones. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército trabajó de 1936 a 1942, pero la obra fue suspendida porque los fondos del proyecto fueron enviados a otros campos de batalla durante la Segunda Guerra.

El proyecto de ampliación actual tiene asombroso parecido al de entonces y, como aquel, permitirá el paso de estas bases militares flotantes que son los portaaviones.

Las obras en el Canal eran realizadas sin consultar con Panamá. El Tratado de 1936 no contemplaba la posibilidad de que, tramposamente, se pudiese construir un nuevo canal ni reconstruir el existente. La necesidad de un nuevo acuerdo era la esperanza de cambiar el Tratado de 1903, del cual Estados Unidos se oponía a toda alteración.

El Tratado de 1936 fue ratificado raudamente por la Asamblea Nacional, pero no ocurrió lo mismo en Estados Unidos: Washington quería mantener el derecho de reconstruir perpetuamente el Canal sin necesidad de nuevos tratados.

Y entonces ocurrió algo insólito. Investigando en la Historia Documentada del Canal de Panamá, de Diógenes A. Arosemena G., hice un hallazgo importante en 1966, cuando escribía contra los proyectos Robles-Johnson de 1967.

Encontré un canje de notas sin fecha suscrito por Cordell Hull, secretario de Estado, y nuestro embajador en Washington, Augusto S. Boyd, en el que se aceptaba que la palabra ‘mantenimiento', empleada en el Tratado de 1936, abarcaba cualquier obra nueva siempre y cuando la llevara a cabo Estados Unidos, sin necesidad de tratado. Solo después del Canje de Notas Hull-Boyd la potencia ratificó el convenio Arias-Roosevelt.

Extrañado por la falta de fecha, seguí buscando y encontré que dicho canje de notas era del 1 de febrero de 1939. Señalaba entonces que ese canje de notas no había sido ratificado por la Asamblea Nacional y carecía de validez legal. Por esa misma razón, lo denuncié como secreto, inconstitucional y violatorio del derecho internacional.

Habían surgido voces en Estados Unidos de que podían continuar en el Canal sin necesidad de un nuevo tratado.

Fue al inicio de las negociaciones cuando el canciller y jefe del equipo negociador, Juan Antonio Tack, el Canciller de la Dignidad, me enseñara una carta de la contraparte en la que reiteraba su pretendido derecho de hacer obras nuevas en el Canal sin permiso nuestro. Yo había sido invitado por el canciller en agosto de 1972 para ser su consejero personal en política exterior y las negociaciones.

Le expliqué al canciller mi punto de vista, refiriéndolo a mi libro, El Canal de Panamá, Calvario de un Pueblo. Allí demostraba que al construir un canal nuevo en el molde del viejo desaparecían el objeto del tratado de 1903 y el convenio mismo, lo cual requería un nuevo acuerdo. Pero también lo remití a mis ensayos sobre canjes de notas, a mi polémica con el Dr. Ricardo J. Alfaro y el falso mantenimiento del Canal.

*EL AUTOR ES ANALISTA INTERNACIONAL, EXASESOR DE POLÍTICA EXTERIOR Y ESCRITOR. DISCURSO EN EL ANIVERSARIO DEL GENERAL OMAR TORRIJOS, 13 DE FEBRERO DE 2014. FUNDACIÓN OMAR TORRIJOS.