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22 de Oct de 2020

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

Chavismo: fracaso del populismo demagógico

El chavismo es derrotado, entre otras, por serios problemas de defalco y corrupción, un deterioro económico insostenible, fuga de divisas...

Chavismo: fracaso del populismo demagógico
Chavismo: fracaso del populismo demagógico

Los comicios parlamentarios celebrados el pasado 6 de diciembre en la República Bolivariana de Venezuela, le dieron a la oposición, que supo canalizar el descontento ciudadano, un total de 112 curules frente a los 55 obtenidas por el oficialismo, luego de más de quince años de control chavista. Siete sucesivas derrotas electorales y dos en la acción física, tuvieron que pasar la oposición para derrotar el proceso venezolano.

La oposición se articuló en torno a la Mesa de Unidad Democrática (MUD) aglutinando 30 partidos, controlada por el denominado G4, compuesto por los partidos Voluntad Popular (Leopoldo López); Primero justicia (del ex candidato presidencial Henrique Capriles), Acción Democrática (AD) y un Nuevo Tiempo, (liderado por el ex gobernador de Zulia, Manuel Rosales).

El chavismo es derrotado entre otras, por serios problemas de desfalco y corrupción, un deterioro económico insostenible, fuga de divisas y una falta de liderazgo carismático a partir de la muerte de Chávez, una profunda crisis de seguridad y la penetración cubana dentro del aparato estatal. A ello sumémosle el cansancio, la acomodación, y en particular, el hecho de ser malos gestores gubernamentales. Un aparato estatal que distribuyó renta petrolera, hasta que se agotó.

La oposición supo capitalizar este descontento y controlará a partir del 5 de enero entrante, el Órgano Legislativo de este país, con facultades poderosas que podrían debilitar aún más el régimen al lograr la mayoría calificada.

A Maduro le restan aún tres años, luego de haber triunfado el 14 de abril del 2013, frente a Capriles, por escaso margen. Mientras, enceguecido de odio, por la reciente derrota, apela a un libreto conocido, para coger oxígeno; denuncia ante las organizaciones barriales de izquierda que perderán las conquistadas logradas por la Revolución, alega intentos de asesinatos de la derecha; al igual que, una guerra económica y otras amenazas conducidas por la conspiración y desestabilización del sistemática patronal –imperialista que no se ha detenido- según el Presidente. A esto se suma el evidente riesgo de división dentro de las filas del chavismo y del PSUV.

Un gobierno acostumbrado por más de una década de mantenerse incólume e inalterable en donde las fuerzas de derecha agrietaron el régimen.

El chavismo, un movimiento que se originó en las fuerzas armadas de Venezuela, entra hoy en un período de prueba y sus piezas han empezado a desmoronarse, lo ocurrido el 6D es apenas el principio de la erosión en las corrientes de la llamada Revolución Bolivariana. Tratase del final escrito del chavismo, que ya no controla la voluntad popular.

Hugo Chávez, ese coronel llanero que se convirtió en político izquierdista antiyanquista; que sedujo la izquierda internacional y que dirigió la insurrección militar contra las políticas neoliberales de 1990 y 1998, fue quien profetizó el socialismo del siglo XXI. Luchó contra el ALCA para imponer el ALBA y lideró la construcción del UNASUR, CELAC, TELESUR y PETROCARIBE, expresiones de una nueva Latinoamérica. El sistema político que Chávez labró, dejó de existir con su muerte, el 5 de mayo.

De los tres componentes que conforman el chavismo, solo le queda uno con vida, pero, con fisuras; el partido militar. Los otros dos, el líder y el movimiento social, que lo sostiene, han desaparecido. El partido militar, una fuerza armada politizada en el concierto latinoamericano como resguardo de la seguridad, pero en segundo plano de la escena institucional, hasta ahora ha guardado sus composturas y se disciplinó a la situación del chavismo; sin embargo; ya hoy existen grietas, donde podrían quebrarse las estructuras de mando liderizado por Diosdado Cabello, quien ocupa un lugar central en la escena política nacional, con ansias de establecer una dictadura militar; al igual que, una estructura cerrada que exige prebendas y cargos, en muchos casos dentro de las zonas de mayor corrupción del Estado, manteniendo un comportamiento corporativo, privilegiado, además, por una impunidad casi total.

La fuerte presencia de militares en el gobierno, no ha sido la mejor elección, hoy hay 12 de los 23 gobernadores que provienen de las fuerzas armadas; muchos involucrados en el tráfico de gasolina, importaciones de alimentos y equipo médico.

Se cumplieron 6,200 días de ‘Revolución Bolivariana', una revolución tan ambigua, detrás de la cual se esconden la ineficiencia e ineptitud. Mucho cuento y pocas nueces.

ABOGADO