20 de Feb de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

Un reconocimiento a la nueva Policía Nacional

Es momento propicio para dar un aplauso merecido a la Policía Nacional por su trabajo del año que termina

La que en épocas pasadas fue un cuerpo deliberante en el escenario político panameño, que imponía y deponía presidentes, que reprimía con saña y alevosía manifestaciones de protestas públicas, es hoy una institución policial muy distinta y muy consciente del papel que está llamada a desempeñar en una sociedad que valora la importancia de los principios democráticos para la convivencia pacífica. Por eso, cuando se evalúan las actuaciones públicas y privadas al finalizar el año para ponderar lo positivo, es justo, en nuestro criterio, reconocer la labor que durante el presente año ha desplegado la Policía Nacional.

Se trata de apreciar el balance total de su gestión, no de detenernos en conductas negativas esporádicas o incidentes desafortunados que nunca faltarán en instituciones compuestas, como ésta, por más de 18 mil personas de ambos sexos.

De aquella policía de principios del siglo pasado que, según nuestros abuelos, era solo ‘de pito y tolete' y pasando por las represiones de los ‘doberman' y ‘pitufos' de finales de ese siglo, la de hoy no es ni una ni otra: es, en cambio, un cuerpo renovado que se esfuerza por cumplir a cabalidad con su cometido de proteger y servir a la ciudadanía en un ambiente de plena democracia y de respeto a los derechos humanos de todos los que habitamos este país. Con mucha razón se podría hablar de la ‘nueva Policía Nacional,' cuya visión y misión claramente la aleja de un pasado tormentoso que todos queremos olvidar. Un empeño para reforzar.

El trato habitual del agente de policía hoy es de firmeza y de respeto para con el ciudadano de bien. Así se observa en los puestos de control permanentes a lo largo de las vías públicas del país y de los retenes ambulatorios para verificar cédulas o identificaciones personales. Ese respeto, demostrado con entereza y profesionalismo, exige y merece un comportamiento recíproco del ciudadano, igualmente respetuoso. Es parte de las relaciones humanas que hacen a una sociedad educada y civilizada.

No en vano agentes y oficiales de policía reciben una formación académica superior de primer orden que incluye aspectos constitucionales y legales referentes a derechos humanos y políticos, a la vez que son expuestos a todas las posibilidades que ofrece la tecnología moderna de las comunicaciones electrónicas necesarias para desarrollar sistemas de inteligencia legítimos en una lucha efectiva contra la delincuencia. La rápida identificación y aprehensión de delincuentes, asaltantes y secuestradores, y la frecuente confiscación de drogas ilícitas son pruebas de los resultados de esa capacitación y de la buena utilización de adecuados equipos modernos.

Es evidente que en la lucha contra la delincuencia los agentes de la policía están en la primera línea de fuego, exponiendo sus vidas y su seguridad personal con riesgos también para sus familias. No podemos pecar de egoístas y negarles una remuneración acorde con sus riesgos y necesidades familiares. También es cierto que la lucha es tarea de toda la ciudadanía, como en otros países se llama a todos los ciudadanos a luchar, cada cual a su manera, contra el terrorismo.

El fortalecimiento permanente de la institución con su actual clara visión, que incluye el reclutamiento de jóvenes íntegros y el descarte de elementos malsanos, es tarea que no puede descuidarse como tampoco el hecho de que los policías son ‘agentes de la autoridad' encargados de ejecutar misiones ordenadas por las autoridades civiles. En el régimen democrático que estamos construyendo y del cual ellos forman parte esencial, es momento propicio para dar un aplauso merecido a la Policía Nacional por su trabajo del año que termina.

EXDIPUTADA