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19 de Feb de 2020

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Mireya Lasso

Columnistas

Con el dedo en la llaga electoral

Como ya es costumbre después de las elecciones nacionales celebradas en nuestra nueva era democrática, el Tribunal Electoral (TE) somete a aprobac...

Como ya es costumbre después de las elecciones nacionales celebradas en nuestra nueva era democrática, el Tribunal Electoral (TE) somete a aprobación del Órgano Legislativo una serie de ajustes al régimen electoral vigente, a fin de subsanar las ‘llagas' que hayan aparecido para estropear la genuina voluntad, pieza fundamental en la democracia que queremos. Para lograr el mayor consenso, el TE convoca una Comisión Nacional de Reformas Electorales (CNRE), compuesta por miembros de todos los partidos políticos y a varias organizaciones independientes, para elaborar en conjunto esas medidas de sanación. En la Asamblea Nacional reposa ya el proyecto de reformas que intentan solucionar los agravios y ultrajes del último proceso de elecciones.

Son muchas las ‘llagas' que se intentan subsanar en esta ocasión —graves y menos graves—, pero la filosofía central, como lo expone la Exposición de Motivos del proyecto, es introducir a nuestro sistema electoral medidas que buscan generar condiciones equitativas entre candidatos y partidos políticos. El principio de equidad es el que guía las reformas propuestas; abarca no solo la de género, la participación de nuevos partidos, la adjudicación de curules y el ejercicio del voto en circuitos plurinominales, la información veraz al votante, los fueros electorales y, sobre todo, la más importante: el financiamiento público y privado, cuyo abuso y descontrol —como sucedió en la última campaña— echó por tierra muchos derechos ciudadanos que pretendía proteger la legislación vigente.

En el espinoso tema de los aportes privados a las campañas electorales, el TE pone el dedo en la llaga cuando señala textualmente que ‘el nuevo reto de la política y la democracia, ya no radica en el posible fraude que se pueda cometer para alterar la voluntad popular, sino en el dinero que se invierte en ellas y que por un lado, genera una inequidad en la contienda, y por el otro, permite el lavado de dinero y el ingreso del crimen organizado en la toma de decisiones de una Nación, amén de que sustrae a los sectores populares de aspirar a puestos electivos'.

Para evitar esa inequidad en el financiamiento privado y público, el proyecto sugiere varias medidas. Entre ellas: tiempos de campaña más cortos; topes y control de aportes privados manejadas únicamente mediante cuentas bancarias totalmente accesibles al TE; rendición mensual de cuentas y sanciones ejemplares por su incumplimiento; y muchas otras nuevas medidas.

Precisamente, en su reciente discurso a la nación norteña, el presidente Barack Obama se manifestó en sincronía con el TE sobre el efecto dañino de esta llaga. Reflexionando sobre los retos del futuro que se le presentan a una auténtica participación ciudadana en su país, el presidente se preguntó: ‘¿Cómo hacer para que la política refleje lo mejor de nosotros, no lo peor?'.

No es fácil, apuntó, pero es necesario cambiar el propio sistema, porque no basta con saber elegir sino también modificar el proceso de elección. Si deseamos mejorar la política, precisó sin rodeos, tenemos que reducir la influencia del dinero en ella para que no sean un puñado de familias o intereses ocultos quienes financien las campañas y luego ganen más poder de decisión en temas que nos afectan a todos.

Como primer paso concreto, satisfaciendo reclamos de activistas, el presidente Obama actualmente analiza reducir la influencia de donaciones secretas aprobando un decreto presidencial sobre dinero oscuro, que exigirá a las empresas a ser contratadas por el Gobierno federal divulgar las contribuciones políticas que hayan realizado. ¿Se atreverían a tanto nuestros diputados? ¿Cuán realmente decididos estamos los ciudadanos para exigir la sanación de esta llaga de nuestro sistema electoral?

EXDIPUTADA