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29 de Mar de 2020

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Carlos J. Núñez L.: el ejemplo que queda con tu partida

Nada hubiera sido posible, si a finales de 1957 no se hubiera reorganizado la FEP, entre movilizaciones, seminarios y verbenas

Cuando en diciembre de 1947 los panameños encabezados por la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP), que entonces dirigía el patriota Carlos Iván Zúñiga, lograron que la Asamblea Nacional de Diputados rechazara el Tratado Filos-Hines, las clases dirigentes junto a las norteamericanas de la ex Zona del Canal comprendieron que la juventud panameña constituía una fuerza cívica poderosa, capaz de disputarles decisiones políticas importantes.

Aquel evento del 12 de diciembre de 1947 que rechazaba las 134 bases militares instaladas en el país durante la II Guerra Mundial, tuvo su colofón el 23 de diciembre siguiente, cuando los parlamentarios sitiados por una mayoría enardecida en el Paseo de Las Bóvedas, donde quedaba la sede de la Asamblea, se vieron obligados a rechazar el ofensivo Tratado por un mínimo margen de tres votos. Después de esos hechos se produjeron medidas que limitaron la acción estudiantil. Fueron prohibidas las asociaciones federadas en los colegios secundarios, la FEP bajó la intensidad de sus acciones y la dirigencia del movimiento popular fue sometida a una intensa y sistemática represión.

Así que la década del 50 registró un profundo trabajo de reorganización del movimiento popular, no solo de los trabajadores cuyos sindicatos de choferes, cañeros y de la Zona del Canal comenzaron a mostrar beligerancia, sino también de los estudiantes, decididos a recuperar el protagonismo social a partir de los reclamos de soberanía en la Zona del Canal, y de planteamientos reivindicativos, especialmente en la educación.

Es en esa coyuntura que aparece, por los años 55 y 56, Carlos Jerónimo Núñez López, un estudiante fogoso, entusiasta y combativo; un tribuno de palabra filosa, que se va convirtiendo rápidamente en una figura y voz reconocidas que, al grito de ‘a la calle compañeros ', convocaba y dirigía, junto a figuras que la crisis de aquellos años iba convirtiendo en dirigentes.

Nunca fue casualidad que Carlos Núñez militara desde las filas del Frente ‘Sebastián Tapia '. Tapia había sido militante contra los Tratados Filos-Hines, y en una jornada represiva de la policía lo habían dejado inválido. Así que la militancia de Carlos desde una organización como esa daba significado a la relación histórica entre aquella lucha de 1947 y la que él y su generación comenzaban diez años después.

¿Qué representaba Carlos Núñez junto a dirigentes de esa época como Polidoro Pinzón, Eduardo Santos B., Cleto M. Sousa, Humberto Brugiatti, Felicia Santizo, Floyd Britton, Ramiro Vásquez, Andrés Cantillo, Ascanio Villaláz, Ricardo Ríos, Diana Morán, y en donde por primera vez en la historia del movimiento estudiantil, una mujer, Virginia Ramírez, (hoy señora de Vásquez), asumía las riendas de la FEP?

Eran la dialéctica de la nación panameña. Aquella que desde mediados del siglo XIX había colocado a los ‘lugareños ', a los panameños de clases humildes contra una alianza que los convertía en extranjeros en su propio país. A eso se oponían Núñez y sus compañeros, era la nación defendiéndose, en batallas políticas sobre la cuestión nacional y la cuestión social. Eran portadores de la siembra de banderas por la soberanía en la Zona del Canal; y de los reclamos de ‘más escuelas menos cuarteles ', bajo la cual movilizarían a centenares de estudiantes en las dramáticas jornadas de mayo de 1958.

Nada hubiera sido posible, si a finales de 1957 no se hubiera reorganizado la FEP, entre movilizaciones, seminarios y verbenas. La misma FEP de 1947, la de las luchas nacionalistas y allí, en esa reorganización estaba como un apóstol sencillo, con una cooperación desprendida y militante Carlos Jerónimo Núñez López.

La misma que exhibiría a todo lo largo de su vida en la solidaridad con sus compañeros del cerro Tute, con los de las huelgas bananeras de los años 60 y por supuesto, como militante el 9 de Enero de 1964.

Los enemigos solo te toman en cuentan cuando te ubican como un factor que les puede causar daño, cuando eres beligerante y tienes la posibilidad de influir en el curso de los acontecimientos. Quizá por eso Carlos Jerónimo Núñez López fue en 1968 uno de los primeros arrestados por los golpistas de esa fecha, detenido por casi un año y luego enviado al exilio. No se autoexilió, no corrió, lo exiliaron.

Entre 1972 y 1973 estaba de vuelta con la misma decisión de lucha. ‘Ese es Carlos Núñez, un militante capaz ', decían quienes lo conocían de referencia, por sus luchas y por su tenacidad. Entonces hizo parte de esa izquierda que, pese a una vida de combate antimilitarista, miró en el general Omar Torrijos un reivindicador de las batallas de las que había hecho parte. Más tarde condenó la invasión y su voz fue un reclamo permanente por los muertos no reivindicados aún.

Periodista de profesión, historiador por vocación, Carlos Núñez deja una herencia de panameño genuino, comprometido con las causas populares, patriota hasta el último minuto de su vida, humilde como un gigante bueno, al que se despide entre aplausos y lágrimas. Hasta luego Carlos Núñez, queda un vacío con tu partida que solo puede llenarse con tu ejemplo.

PERIODISTA