Temas Especiales

06 de Apr de 2020

Harry Castro Zachrisson

Columnistas

Argentina: entre la derecha y la izquierda

La columna vertebral del equipo kirchnerista fue el trabajo de engrosar la maquinaria del clientelismo

Argentina: entre la derecha y la izquierda
Argentina: entre la derecha y la izquierda

Dentro de la sucesión de hechos que se han desatado tras el triunfo de Mauricio Macri en la Argentina, existen líos en varios frentes: económicos (duras políticas de austeridad, aumento de los servicios públicos, recortes a los subsidios sociales) y políticos, con el enjuiciamiento de Cristina Kirchner y allegados a su Gobierno.

Los motivos de preocupación deben multiplicarse para los seguidores de Macri, quien ha encontrado un país destruido, gobernado por una década perdida, que erosionó los bolsillos y la confianza de los ciudadanos. Obligado ahora a corregir el rumbo del país e imponer medidas económicas antipopulares que le restan popularidad y el apoyo ciudadano, que tanto requiere en estos primeros meses de Gobierno. Esto ocurrió porque se desoyeron las más solventes advertencias sobre los perjuicios que traería la continuidad del kirchnerismo; una pareja presidencial que se mantuvo en el poder ejerciendo una política poderosa y llamativa, que gobernó con un discurso cínico y falsamente progresista, bajo el veneno de la confrontación sistemática, atizando el odio y la discordia, convirtiendo este escenario en la vida cotidiana de la Argentina. Etiquetaron para rotular a sus enemigos, como la derecha destituyente. Difamaron a los medios ( El Clarín ) y a periodistas (Lanata), a través de blogs controlados desde la central del Gobierno.

La columna vertebral del equipo kirchnerista fue el trabajo de engrosar la maquinaria del clientelismo, la prebenda y el arreglo político a diario. La Argentina de los ‘K ' fue un proyecto político de brutal centralismo en el mando; esta década se caracterizó por el manejo político por Internet, el control de las calles y la juventud. Con una agenda de izquierda, jamás permitieron a nadie que se diferenciara del Gobierno. Glorificados y temidos intentaron endiosar sus imágenes.

Si bien es cierto que Néstor Kirchner cambió la historia de la Argentina al promover una Corte Suprema de calidad, bajar la desocupación y quitarse el lastre del FMI, la Argentina continúo enferma por la corrupción y las mezquindades políticas.

Hoy, presenciamos cómo Cristina Kirchner enfrenta varios procesos instaurados en su contra, por enriquecimiento ilícito y otros delitos, junto con muchos de los funcionarios más allegados que más caja manejaron. (Fernández, Ulloa y Báez).

La relación entre política y negocios queda al descubierto y en evidencia en el Gobierno kirchnerista. Se apropiaron de los juegos de azar y de la contratación de las obras públicas, de bancos y propiedades inmobiliarias. Estatizaron los correos, Aguas Argentinas y Aerolíneas Argentinas, que cayeron en manos privadas. Argentinizaron empresas de sus amigos, socios y testaferro (López y Eskenazi). Contaron con socios, cajeros y valijeros. Metieron la mano en todo lo que pudieron; es por ello que los reconocidos periodistas, Lanata, se refiere a ellos como una ‘Banda bien organizada ' y Dimatteo, como uno de los presidentes más ambicioso desde Perón. Si bien fue el Gobierno más poderoso desde la llegada de la democracia argentina, hoy enfrentan la justicia, por lo que las nuevas generaciones se encargarán de la refutación histórica del kirchnerismo.

El kirchnerismo ha quedado gravemente dañado. ¿Será el principio del fin de esta era política? ¿El final de una época populista y de izquierda y el inicio de otra? Es demasiado pronto y aventurero hacer conclusiones de este movimiento. Lo sabremos en unos años, dependiendo de si el plan trazado por Macri triunfa o fracasa, el cual consiste en severos ajustes para atraer capitales extranjeros privados que inviertan y de paso, obtener de la banca internacional empréstitos multimillonarios que se volcarían a la deteriorada infraestructura argentina, que permita la exportación de bienes de consumo argentinos. Debe además, demostrar que es capaz de proporcionar un liderazgo que empuje a la marginalidad a las posiciones de izquierda del peronismo, porque son posiciones populistas que no responden a los problemas del país ni solucionará los de la gente.

¿Podrá ejecutar Macri las tareas pendientes, reveladas como urgentes, para hacer mejor un país que apenas se recupera? ¿Sin retórica, como sus antecesores? ¿Se salvará la Argentina de este peligroso abismo en que está, ante una opinión pública dividida y ciudadanos desorientados, ávidos de proyectos viables? ¿Retornará esa Argentina de los años dorados, de potencia mundial y granero del mundo? A eso apuesta el Gobierno de Macri. ¡Ojalá que la mejoría no sea flor de un día y lo logre!

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