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05 de Dec de 2020

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Franklin Castrellón Morales

Columnistas

Experiencia en el Canal aplicable al sistema escolar

Este esfuerzo revirtió sustancialmente la incidencia de delitos, permitiendo que el Canal recuperara buena parte de los equipos robados.

Experiencia en el Canal aplicable al sistema escolar
Experiencia en el Canal aplicable al sistema escolar

Los frecuentes actos vandálicos contra escuelas en Panamá, y el infructuoso esfuerzo que realizan autoridades de Educación, educadores y padres de familia para combatirlos, nos indujo a recordar una experiencia parecida contra equipos e instalaciones del Canal de Panamá a principio de los años 90. Desde el inicio de operaciones del Canal en 1914 hasta que entraron en vigor los Tratados Torrijos-Carter, el 1 de octubre de 1979, la seguridad del Canal, sus instalaciones y equipos dependió de dos factores: el riesgo de los enemigos de Estados Unidos y de los movimientos de ‘liberación nacional' en la región y la amenaza de nacionalistas panameños que reclamaban la soberanía sobre la Zona del Canal y la recuperación del Canal.

Pero con la entrada en vigencia del Tratado del Canal de Panamá y el Tratado Concerniente a la Neutralidad Permanente y al Funcionamiento del Canal, el riesgo interno se redujo a cero, pues con el primero desapareció la Zona del Canal y se programó la entrega gradual del Canal a manos panameñas, proceso que fue completado el 31 de diciembre de 1999. Y con el segundo se redujo sustancialmente el riesgo externo, el cual desapareció totalmente cuando se extinguió la guerra fría con la caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y se disolvió la Unión Soviética en 1991.

A fines de la década de 1980 se activó el robo de tendidos eléctricos y telefónicos en el área del Canal, estimulado en parte por los altos precios de los metales. Estos robos aumentaron exponencialmente en las semanas y meses post-invasión (1990), como resultado del desmantelamiento de las Fuerzas de Defensa y la organización, en su lugar, de una Policía Nacional apolítica, convirtiéndose en una nueva amenaza a la seguridad del Canal. La limitada capacidad de la Policía fue aprovechada por los delincuentes para añadir a su menú el robo de los paneles solares que transmitían energía a las ayudas a la navegación y a otros equipos necesarios para la eficiente y segura operación del Canal.

Los resultados iniciales de los operativos realizados por la Policía en conjunto con la División de Protección del Canal y las autoridades de Arraiján y La Chorrera no fueron óptimos. Entonces se creó un equipo interdisciplinario que sumó a este esfuerzo a la Policía Técnica Judicial (hoy DIJ); un fiscal auxiliar asignado al área canalera; funcionarios de Inrenare (creado en 1994); la División de Dragado y la Oficina de Relaciones Públicas del Canal, y a las autoridades locales. En esta fase se diseñó una estrategia para incorporar, de forma proactiva, a las autoridades del Ministerio de Educación, educadores, estudiantes y residentes de la cuenca del Canal.

A poco de iniciado el programa, se incorporaron unidades del Servicio de Guías, y se programaron conferencias sobre la importancia del Canal para el país y para sus comunidades. Esas charlas destacaban los beneficios que aporta el Canal a las comunidades de la cuenca, subrayando la necesidad de que sus ciudadanos ayudaran a proteger ese patrimonio nacional. Fue así como los residentes asumieron conciencia de que el agua potable que recibían era procesada por la agencia canalera; que gracias al lago Gatún y al riguroso mantenimiento que el Canal da al mismo y a sus afluentes, tenían recursos acuáticos para su sustento y para la venta; que los caminos y carreteras de que disponían habían sido construidos y eran mantenidos por la Comisión del Canal, y que Inrenare y la agencia canalera realizaban esfuerzos conjuntos para preservarles su medio ambiente y apoyarlos en la realización de actividades económicas de desarrollo sostenible. Además, estudiantes y residentes recibían material informativo sobre el Canal y su cuenca.

Este nuevo enfoque transformó la actitud de jóvenes, líderes comunales y residentes de la cuenca, quienes comenzaron a colaborar con los corregidores y autoridades de Policía, dando información precisa sobre delincuentes y casas en donde habían instalado paneles solares. Este esfuerzo revirtió sustancialmente la incidencia de delitos, permitiendo que la Comisión del Canal recuperara buena parte de los equipos robados. Aquella gratificante experiencia, adaptada a su propia realidad, bien podría ser hoy día punto de referencia para las autoridades del Ministerio de Educación en su esfuerzo por reducir y eliminar los robos en las escuelas.

JUBILADOS DEL CANAL DE PANAMÁ.