24 de Feb de 2020

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Ernesto A. Holder

Columnistas

El triste papel del Parlamento

En el camino hacia el caos y deterioro social que vivimos, varios elementos e instituciones no están jugando el papel que deberían

El triste papel del Parlamento
El triste papel del Parlamento

En el camino hacia el caos y deterioro social que vivimos, varios elementos e instituciones no están jugando el papel que deberían a fin de que las nuevas generaciones cuenten con un sistema acorde a los desafíos del futuro. Es común que se hagan valoraciones emocionales ante los desagravios que se enfrentan. Lo que observamos en el hemiciclo legislativo ha sido calificado con ‘un circo' por muchos. Pero hay circos y hay circos.

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) define el ‘Circo' como: ‘1. (Un) edificio o recinto cubierto por una carpa, con gradería para los espectadores, que tiene en medio una o varias pistas donde actúan malabaristas, payasos, equilibristas, animales amaestrados, etc. 2. Conjunto de artistas, animales y objetos que forman parte de este espectáculo. 3. Lugar destinado entre los antiguos romanos para algunos espectáculos...'. La definición coloquial que ofrece es: ‘Confusión, desorden, caos'.

No sé en cuál de estas se anclan los indignados para calificar lo que se ha dado en las últimas semanas a lo que ha venido ocurriendo en nuestra tribuna legislativa. No sé si la comparación es con lo histórico u ordinariamente conocido a nivel global como ‘Circo'; el de Melquiades, ese que llegaba cada cierto tiempo al Macondo de Arcadio Buendía.

Un Parlamento, según lo define la DRAE es ‘1. Cámara o asamblea legislativa, nacional o provincial. 2. Edificio o lugar donde tiene su sede esta institución. (...) 3. En Inglaterra, la Cámara de los Lores y la de los Comunes...'. Wikipedia profundiza explicando que es ‘El término con que se designa a la asamblea de los representantes populares deriva del francés ‘parlement', vocablo que expresa la acción de parler (hablar): un parlement es una charla o discurso, y por extensión se aplica a la reunión de representantes del pueblo donde se discuten y resuelven los asuntos públicos'.

Oficialmente el Parlamento panameño es ‘la Asamblea Nacional', Órgano Legislativo que está legalizada por el Título V de la Constitución de la República de Panamá reformada en el año 2004. (Los circos no están normados en la Constitución). Se supone que nuestra Asamblea Nacional goza de total autonomía para la ejecución de sus funciones en representación del pueblo y es parte fundamental de la conducción del Estado, en armoniosa colaboración con el Órgano Ejecutivo y el Órgano Judicial.

Pero los tiempos han cambiado tanto para los circos como para los parlamentos. Aquí en Panamá, de manera creciente, dan cuenta de la poca confianza y respeto que tiene la población con este Órgano del Estado y en particular con sus miembros. Fomentan y promueven el clientelismo político. La mayoría no tiene la educación política necesaria para cumplir con sus deberes. No entienden su papel en relación al perfeccionamiento de la convivencia como sociedad, con el fin de legislar en beneficio de la mayoría. No tienen educación y su objetivo fundamental es acomodarse económicamente para bien personal y de los suyos. Es un error esperar que lo contario se dé.

Los circos han mejorado significativamente. La utilización de animales para entretenernos, en la gran mayoría de los casos, ha sido suspendida por el reconocimiento general de respetar y proteger la dignidad y bienestar de otros seres vivos. (Acá en Parlamento aún no). En términos generales, los circos han modernizado el concepto de espectáculo. Hay creatividad, inteligencia y se requiere de un nivel educativo substantivo en las artes escénicas para montar las extraordinarias presentaciones que hoy nos ofrecen. Uno de los circos más reconocidos e importantes en el mundo moderno es el Circo del Sol (Cirque du Soleil), una compañía canadiense que ha alcanzado fama mundial y que realiza presentaciones en los cinco continentes. La empresa se describe a sí misma como ‘un montaje dramático de artes circenses y esparcimiento callejero'. Pueden visitar su página web en http://www.cirquedusoleil.com. Les aseguro que tendrán más cuidado cuando, disgustados, se refieran a lo que hemos vivido

Con nuestro Parlamento como un circo.

Este tema lo examiné hace más de cinco años y el deterioro continúa. No importan las definiciones de uno o de otro. Este pueblo continúa sus días sin entender las repercusiones de lo que hemos vivido a diario en los últimos años. Dice García Márquez: ‘En Macondo no ha pasado nada ni está pasando ni pasará nunca. Este es un pueblo feliz'.

COMUNICADOR SOCIAL.