Temas Especiales

30 de Mar de 2020

Paulino Romero C.

Columnistas

La filosofía y la educación en Roma

Colaboradora del marido es la mujer, tanto en la administración de la casa como en el cuidado de los hijos

Los romanos de los primerísimos siglos fueron un pueblo de campesinos-soldados, de vida sencilla y patriarcal, cuyas virtudes –piedad hacia los dioses, obediencia ciega a las leyes, parsimonia, desprecio del ocio y del lujo, tenaz apego a la familia y a la tierra y dedicación a la patria hasta la muerte— forman el modelo del romano antiguo que los grandes escritores de la edad imperial (especialmente Livio) exaltaron y que ha ejercido un influjo y una sugestión que va más allá de la romanidad clásica.

Cincinato, que recibe el altísimo cargo de dictador mientras se hallaba ocupado en arar su campo y que, después de haber vencido a los enemigos, vuelve a su modesta vida de agricultor; Curio Denato, que siendo pobre, rechazó la oferta de dinero de los enemigos de su patria, son figuras ciertamente idealizadas por la leyenda y por el arte, pero que expresan el tipo de la antigua aristocracia rural de Roma, templada en la dura lucha cotidiana sostenida en los campos del trabajo y de la guerra, y educada en las más severas, aunque todavía rudas, virtudes cívicas y guerreras.

El organismo, al mismo tiempo religioso, económico y político, que encarna la vida del romano antiguo es la familia, centro autónomo (incluso del Estado y la religión oficial) de esta rígida educación. La familia es la primera escuela y puede considerarse un templo poblado de dioses. En ella el niño encuentra su culto y sus dioses. La tumba es un altar, y sus sacerdotes son seres divinos. El paterfamilias es el sacerdote de esta religión familiar. Entre los miembros de la familia ejerce una autoridad absoluta —la patria potestad— que se extiende hasta el derecho sobre la vida y la muerte: el hijo está sujeto al padre, que puede venderlo como esclavo, y no puede poseer nada en propiedad mientras viva el padre.

Colaboradora del marido es la mujer, tanto en la administración de la casa como en el cuidado de los hijos. La madre amamantaba a sus hijos sin confiarlos a nodrizas mercenarias, era consejera de ellos y del esposo y también ejemplo de virtud. El ejemplo de los antepasados era un elemento educativo fundamental; su vida constituía un modelo que había que imitar.

La ciudad completaba la educación de la familia. El hijo participaba en la vida del padre: asistía a las discusiones en el foro y a las ceremonias cívico-religiosas, se adiestraba en ejercicios militares en el Campo de Marte, fortalecía su cuerpo con la caza, la natación y la equitación, y estudiaba las prescripciones jurídicas, que regulaban los derechos y los deberes, contenidas en la leyes de las doce tablas (450 a. de C.), el primer gran documento de la sabiduría ético-jurídica de la Roma arcaica, en el que aún no se ‘define' la ley, pero en el que se dan normas ‘prohibitorias'. Los proverbios (preceptos religiosos y técnicos, como los que respetan al trabajo de los campos, al gobierno de la casa y de la guerra, etc.) eran casi la única enseñanza, garantía, por cierto, de la invariabilidad de las costumbres.

La familia y la ciudad se hallaban empeñadas en formar aquel sólido sentimiento cívico por el que el Estado se constituía en el centro de todos los intereses del individuo. Ningún pueblo ha tenido la profunda conciencia jurídica del romano, que a través de una prodigiosa actividad política y guerrera ha producido la ciencia del derecho, patrimonio humano que caracteriza al genio de Roma; genio que todo lo valora en relación con las necesidades de la vida real y que se expresa como conciencia ético-jurídica.

En conclusión: debido a la unidad interna del Estado romano, a su severa disciplina política y miliar, al valor ético de los vínculos entre el individuo y el Estado, la libre subordinación de los intereses privados al público, a la obediencia prestada por todos a una única y absoluta disciplina en la que se expresaba la voluntad del Estado. ¡He ahí el tipo de educación a que nos hemos referido, y que duró en Roma hasta el siglo III (a. de C.)!

PEDAGOGO, ESCRITOR Y DIPLOMÁTICO.