Temas Especiales

01 de Dec de 2020

Andrés L. Guillén

Columnistas

Restauración de garitas y baluartes del Casco Antiguo

Las murallas de mar aún persisten, pero muchas veces camufladas por edificaciones posteriores que hacen difícil verlas

Desde su fundación, en el s. XVII hasta mediados del XIX, la nueva ciudad abaluartada de Panamá contaba en su perímetro amurallado, con elementos originales como la Puerta de Tierra, la Puerta de Mar, ocho baluartes o bastiones, cinco postigos o poternas y por lo menos igual número de garitas o torretas para centinelas.

Las murallas de mar aún persisten, pero muchas veces camufladas por edificaciones posteriores que hacen difícil verlas. Desafortunadamente, las dos portadas monumentales (la de mar y tierra), los cinco postigos (puertas secundarias en lugares ocultos o disimulados en las murallas que daban acceso a extramuros) y la mayoría de los bastiones y garitas han desaparecido, destruidas por la mano de sus ciudadanos y por el descuido del Estado panameño.

Otras ciudades caribeñas, como el Viejo San Juan, Santo Domingo, La Habana y Cartagena de Indias, presumen con orgullo merecido su legado colonial, hoy apreciado por propios y extraños, como parte importante de su memoria histórica e imán irremplazable para miles de turistas.

En nuestro caso, varias de las garitas desaparecidas pueden ser reconstruidas y restauradas para que nuevamente avisen con su silueta la antigua presencia de un centinela oteando el horizonte o haciendo eco de los gritos de contraseña de los soldados de la guarnición, como lo hacían antes en la oscuridad de la noche.

Se puede comenzar por la garita que existió en la esquina oeste del Baluarte de Chiriquí (justo detrás del INAC, al inicio del Paseo del General Huertas), remplazada actualmente por una inocua barandilla metálica circular.

Por suerte todavía tiene su ménsula o apoyo en forma de bellota, hecho de piedra esculpida, empotrada nítidamente en la escarpa de la muralla, como soporte colgante. Su reconstrucción debe seguir su planta redonda, con su cuerpo esbelto hecho de piedra sillar o mampostería, provisto de aspilleras, coronado con una media naranja, rematada en pirámide o bola, replicando las de Portobelo o San Lorenzo el Real.

Igualmente, se puede restaurar el medio baluarte o batería de la Carnicería que aún conserva su forma triangular, con ambos lados verticales de sus muros marinos en aparente buen estado. El plano de Ceballos y Arce de 1680 lo dibuja con cuatro piezas de artillería montadas en cureñas, por lo que sería posible reconstruir su parapeto almenado con merlones y espacios para esos cuatro cañones.

La propuesta de recuperar esta batería artillera y por lo menos la garita detrás del INAC (existen otras que pueden identificarse y restaurarse), requiere ese difícil equilibrio entre conservación, restauración, preservación y creatividad, conforme a su autenticidad histórica.

Sería una ‘restauración en estilo' de esas partes perdidas, donde tendrán que colaborar el arquitecto restaurador, el arqueólogo, el ingeniero y el historiador, labor interdisciplinaria que requiere mucho sentido común y valores éticos.

En el ámbito institucional y legal se requerirá la cooperación de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico, la Oficina del Casco Antiguo, del Gobierno nacional e Icomos, pero, sobre todo, del interés y afán de la ciudadanía.

CIUDADANO