Un ajuar funerario de un gran señor enterrado en una tumba de más de mil años de antigüedad en El Caño, un sitio arqueológico situado en la zona central...
- 21/02/2026 17:16
La doctrina Prado y el panameñismo, confluencias y distancias
América Latina fue siempre un continente rico en planteamientos políticos, testimonio de ello fueron los postulados de Haya de la Torre sobre la internacionalización del Canal de Panamá, de José Carlos Mariátegui con sus análisis de la realidad peruana y regional, de Carlos Iván Zúñiga, de Leopoldo Zea o de Octavio Paz, entre otros.
El Panameñismo “como doctrina política e ideológica fue ideada y planteada por el Doctor Arnulfo Arias Madrid (1901-1988) médico y político panameño, quien fuera tres veces presidente de la República [...] El 22 de diciembre de 1939 bajo la consigna ‘Por un Panamá Mejor’ Arias anunció públicamente dicha doctrina” (Prado, 2010). De otro lado, la doctrina Prado fue anunciada el 28 de julio de 1957 cuando el presidente peruano Manuel Prado Ugarteche propuso, en el hemiciclo del congreso, la formación de un bloque basado en la latinidad que fuese una alternativa geoestratégica al mundo bipolar de entonces caracterizado por la disputa por la hegemonía mundial entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (Raffo, 2026).
Las dos doctrinas presentan similitudes y diferencias. Aunque medió entre ambas conceptualizaciones un espacio de dieciocho años, las dos se pergeñaron desde los respectivos despachos presidenciales respondiendo a lecturas específicas del contexto internacional donde panameños y peruanos buscaban reenfocar sus objetivos de política exterior. Ambas visiones fueron gestadas desde una lectura de sus particulares relaciones políticas e ideológicas con los Estados Unidos, el panameñismo girando en torno a la soberanía y al Canal mientras que la doctrina Prado formulando una alternativa -la latinidad- durante la Guerra Fría. Lo anecdótico es que el pensamiento panameñista proviene de una presidencia con voluntad social mientras que la doctrina peruana nace de un gobierno conservador; de otro lado, ambos mandatarios no terminarán sus mandatos, fueron interrumpidos por golpes de Estado. Mientras que el panameñismo adoptó una posición política con marcados tonos nacionalistas y enfocada en el territorio nacional, la doctrina Prado se orientó a la búsqueda de una efectiva cooperación económica continental y de opciones comerciales para los productos latinoamericanos a través de acciones asertivas orientadas a ganar un espacio en las relaciones con las naciones latinas “libres” de la Europa Occidental.
Así, mientras que con Arias se “destaca lo panameño sin menoscabo del valor de las influencias culturales de otros pueblos o regiones del mundo. Propugna la valoración universal de nuestra posición geográfica, para que al servir de puente del mundo para el tránsito de las culturas y las riquezas; se le dé el trato justo que su carácter estratégico y de país libre y soberano demanda” (El Panameñismo: Doctrina Política y Pensamientos del Doctor Arnulfo Arias Madrid,1979); con Prado se impulsó la constitución de la Unión Latina. El tratado constitutivo “había sido suscrito en 1954 por veintitrés países, pero solo siete de los doce signatarios requeridos para su entrada en vigencia lo habían ratificado. Conforme a los escenarios que la Doctrina Prado pretendía abrir, Perú adhería oficialmente al proyecto de la Unión y, además, postulaba la ciudad de Lima como sede de la Secretaría General Permanente del organismo” (Palamara,2021).
“Al sur del río Bravo, en realidad, las declaraciones de Prado no suscitaron inicialmente sino tibias impresiones marcadas por la prudencia o un disimulado escepticismo. Todos los Estados de la región concordaban sobre la necesidad de promover una más estrecha política de amistad entre las naciones latinas”, pero sus intereses de política exterior eran muy disímiles. La pretendida “solidaridad interamericana” funcionaba solo si no estaban en juego superiores intereses estadounidenses (Palamara,2019).
De esta forma, en tanto las tesis del panameñismo se consolidaban y se divulgaban entre las principales fuerzas políticas del continente, la doctrina Prado generaba apoyos (Guatemala, Honduras, Brasil) y críticas (México, Argentina, Chile) aunque la mayoría de países, como Panamá, adoptasen posiciones intermedias.
Hacia inicios de 1959, los márgenes de acción de la doctrina Prado se habían contraído considerablemente debido a la instalación de dictaduras militares en varios países latinoamericanos y a la triunfante Revolución Cubana lo que contribuyó a una polarización política cuya primera víctima regional fue el abandono de toda tesis que presentase componentes de convergencia y cohesión con otras zonas del mundo.
En este sentido, de acuerdo con los estudiosos europeos de este período histórico, los propósitos de la Doctrina Prado fueron, sin duda, nobles, pero tenían dos límites: “por un lado, desatendían los contrastes, celos y divergencias políticas que siempre impedían a los países latinoamericanos conseguir resultados concretos en temas de organizaciones colectivas”; por el otro, el recelo, cuando no, la animadversión de Washington. En los diez años siguientes, el Perú enfocará sus relaciones con el istmo sobre la base de un decidido apoyo para la restitución a Panamá del Canal bajo administración estadounidense.