Panamá,25º

15 de Dec de 2019

Avatar del Nelva Reyes B.

Nelva Reyes

Columnistas

Subvaloración docente

Quisiera reflexionar acerca de las vicisitudes que los docentes universitarios padecen, las cuales no son distantes de las que los docentes de primaria, pre media y media

El primero de diciembre se conmemoró el Día del Docente Panameño, fecha que recuerda el natalicio de don Manuel José Hurtado, considerado padre de la educación pública, dado que fue gracias a su tenacidad que se logra el primer centro de instrucción pública en 1868 y la inclusión educativa de todas las clases sociales del país.

Estos legados generaron un cambio en el paradigma educativo de la segunda mitad del siglo XIX, permitiendo que personas con vocación y conocimientos transmitieran sus saberes a otros, a través de la creación de centros educativos que se fundaron a partir de la época. Esas personas, conocidas como docentes, empezaron a formar a los técnicos y profesionales del país.

Quisiera reflexionar acerca de las vicisitudes que los docentes universitarios padecen, las cuales no son distantes de las que los docentes de primaria, pre media y media enfrentan, pero son tal vez menos conocidas.

Antes, deseo recordar que un docente coadyuva para que una persona se forje con las aptitudes necesarias para desempeñar una labor productiva en el país. Los docentes colaboran para que el Estado panameño tenga mano de obra calificada y se aporte al desarrollo del mismo. Sin embargo, pese a la importante función de los docentes, son subvalorados.

Cuando un docente aspira a ingresar a la Universidad de Panamá, pasa por un proceso de cinco años de duración, en donde debe concursar cada año por una vacante, presentando requisitos, entre los que están: exámenes de buena salud física y mental, títulos evaluados de licenciatura, maestría, posgrado de docencia superior y ejecutorías diversas.

Estos requisitos son necesarios y válidos, más cuando se tiene una responsabilidad como la de formar profesionales, pero, implican esfuerzos de tiempo, de preparación y sobre todo económicos, que se espera que sean compensados.

Empero, durante los primeros cinco años, los docentes de la máxima casa de estudios reciben ligeramente más de setecientos dólares mensuales, trabajando doce horas de clase a la semana, más las horas de preparación para cada clase, las de calificaciones y las asistencias a actividades complementarias, que son requisito para obtener una evaluación positiva que les permita que continúen en la Universidad. Vale recalcar que, pese a los avances tecnológicos, ese escaso salario no es pagado mes con mes, de forma inmediata, sino tras ocho o doce meses después de haberlos laborado.

En las universidades privadas, muchos docentes que en ellas trabajan reciben un salario mensual aproximado de ciento setenta y cinco dólares, dado que se maneja por materia-mensual. Estos docentes tienen una situación peor, porque son contratados mediante tres contratos definidos consecutivos, luego, no los contratan uno o dos meses y, posteriormente, son contratados nuevamente, siendo que muchas universidades privadas, juegan con las disposiciones del Código de Trabajo y evaden la responsabilidad del pago de las prestaciones laborales de los docentes universitarios, por medio de las cuales tienen la posibilidad de reunir grandes sumas de dinero, producto del trabajo de los docentes, sin que estos tengan una estabilidad laboral, un salario digno y sin generar las responsabilidades que los contratos indefinidos de trabajo producen.

Lo lamentable es que estas situaciones son realizadas a costa de la vocación de los docentes, porque nadie que no tenga vocación realiza tantos esfuerzos para recibir un salario tan poco digno. Asimismo, estas subvaloraciones de los docentes son realizadas por los entes idóneos para apreciar los esfuerzos académicos, pues si no son las universidades las que lo hacen, no podemos esperar que otras entidades lo hagan. En el caso de las universidades privadas, estas prácticas son realizadas bajo la mirada evasiva del Ministerio de Trabajo.

Si en este país la educación fuera una prioridad del Estado, la visión fuera distinta y los docentes fueran valorados en proporción a lo que se les exige, pero no es así, por lo que, me veo en la necesidad de denunciar estas anomalías y de hacer un llamado a la reflexión a las autoridades de la Universidad de Panamá para que valoren la preparación académica de los docentes y se remunere con base a la misma. Asimismo, hago un llamado al Ministerio de Trabajo para que fiscalice y regule las prácticas nefastas que, por años, las universidades privadas han venido realizando sin ningún tipo de control.

LA AUTORA ES DOCENTE Y SECRETARIA GENERAL DE LA CENTRAL GENERAL AUTÓNOMA DE TRABAJADORES DE PANAMÁ.