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18 de Oct de 2019

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Modesto A. Tuñón F.

Columnistas

Adiós a las bolsas plásticas

Este desconocimiento ocasiona que sea creciente la cantidad de desechos, que se lanzan a la vera de las carreteras y que no es recogida con la premura del caso

Terminó la película. La gente sale de la sala y comenta la cinta que acaba de ver. Las butacas y pasillos entre las filas quedan llenas de cajas con algo de palomitas de maíz. Además, vasos de cartón donde estaba el líquido de refrescos. Todo esto es el residuo de un consumo exagerado; pues al entrar, este público apenas podía caminar con los cerros de comida chatarra, cuyos sobrantes serán ahora colectados por un personal de aseo.

Es una población no acostumbrada a preocuparse por el manejo de los restos. Incluso pocos toman en cuenta las posibilidades de reutilizar aquello que se bota y que no va a ser necesario. Tal es el caso de las llantas de auto que en otros países suele utilizarse para construir materiales novedosos que pueden aplicarse en carreteras, en puertos y hasta en adornos y mobiliarios (juegos de sala para uso externo, entre otros).

Este desconocimiento ocasiona que sea creciente la cantidad de desechos, que se lanzan a la vera de las carreteras y que no es recogida con la premura del caso. Como consecuencia, se produce una contaminación evidente en los alrededores, que por lo general son núcleos habitacionales donde las familias atraviesan diariamente el área de la basura y pone en riesgo los índices de salud.

En el caso del plástico, se han hecho inconmensurable las sobras porque gran parte de los envases se confeccionan con ese componente. Pero también se utilizan para unir latas, botellas y como implementos en diferentes tipos de armazón para cajas o formas de acomodar carga. Al deshacerse de este accesorio, se le considera que estorba y se deja por cualquier lugar, que termina en las cuencas, corre por los ríos y va a dar al mar.

Está documentado el efecto que tiene este residuo en estas vías naturales y otras construcciones que sirven para el desagüe. Trancan las tuberías, aumentan la formación de bultos que complican el flujo de las aguas y otros residuos. Todo esto llega a las costas y en el océano se convierte en una franja que se mueve con las mareas y corrientes. En el caso panameño, se aprecia por la cantidad que llega a la isla de Taboga.

Existen también impactos para la fauna y la flora marina. Tanto peces, como tortugas y otras especies aparecen envueltos en los aros que unen las latas de cerveza. Además, ciertos peces que consumen estos plásticos al confundirlos con su alimentación normal. A veces, al cortar el pescado, se encuentra estas sustancias en su interior. Igual sucede con los crustáceos que son rodeados de cuerpos extraños y se sofocan.

El Gobierno Nacional ha adoptado una nueva ley para reducir la producción de bolsas plásticas. De acuerdo con la disposición, se empleará otro tipo, que tenga la posibilidad de reutilización o sea de fácil manejo no contaminante. Desde el momento de la promulgación de la norma, se cambiará paulatinamente la materia prima de este producto y reducir su cantidad para detener el incremento del problema.

Una medida como ésta, requerirá la modificación de conducta en la población y varias instituciones. Florecerán programas de educación ambiental para revertir una práctica que es común desde hace varias generaciones. Pero sobre todo para reducir la existencia de lo que una vez fue ideado para resolver una contingencia; pero que en la actualidad registra el mayor efecto del crecimiento y desarrollo de las sociedades.

Es necesario entonces, que surjan nuevas formas de atender el problema. Sobre todo, a escala municipal, cuyo principal reto es lidiar con los desechos. Quizás esta sea la forma de resolver de una vez por todas, el gran conflicto de los alcaldes y las ciudades. Es una enorme oportunidad; aprovechemos.

PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.