La Estrella de Panamá
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18 de Oct de 2019

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Ricardo Arturo Ríos Torres

Columnistas

Mi protagonismo en la Operación Soberanía

'La fuerza interior que nos daba la convicción patriótica de nuestro proceder nos inspiraba'

La mañana del 2 de mayo de 1958 llegamos mi hermano y yo a las 8 a. m. a la Universidad de Panamá, para participar en la siembra de banderas en el enclave colonial del Imperio de Wall Street en la zona canalera.

Luis Felipe Ríos Torres se integra al grupo entre los cuales estaban Julio Rovi y Raúl Araya, ellos cubrían el área del correo de Ancón. Sembraron la bandera panameña en varios lugares de ese sector.

A mí me correspondió participar con Carlos Arellano, Félix Espinoza y el dirigente de los tipógrafos, Pablo Ríos, frente al edificio de la Administración del Canal, en el corazón geográfico del enclave colonial. En ese momento dirigía la oposición a la gestión de Arellano Lennox. La unidad estudiantil era básica en la gesta nacionalista.

Caminamos lentamente y con firmeza sobre el césped de la plazoleta. La fuerza interior que nos daba la convicción patriótica de nuestro proceder nos inspiraba.

Arellano ve un policía zonians que pone su mano sobre la pistola, en ese momento recibe una llamada donde le anuncian que en distintos lugares de Balboa, estudiantes sembraban banderas. Nos mira fijamente, tiene su arma lista para detenernos. Nuestra entereza y ánimo lo desconciertan, nos ve tranquilos y muy circunspectos. Vestíamos elegantemente.

Ángel Rubio me enseñó, como estudiante de Geografía, a mirar detenidamente nuestro entorno. Vi a mujeres y hombres que se detuvieron a observarnos, sus expresiones eran de asombro, cuatro jóvenes con vestidos de saco y corbata, a paso de vencedores, como los héroes de Ayacucho, sembraban una gran bandera panameña en ese territorio usurpado por los yankees .

La tierra estaba dura, el verano se hacía sentir, fue difícil penetrar el asta. Lo hicimos. Al volver, miro hacia atrás y la bandera se había caído, el palo de escoba se había partido. Regreso y coloco la bandera con más facilidad, la madera astillada entra sin problemas.

En ese segundo de ansiedad, sopla una brisa mágica, la bandera luce hermosa acariciada por un viento misterioso. Sonrío. Y ya seguro de que la bandera no volverá a caer, retorno donde me esperan Carlos, Félix y Pablo. Nos abrazamos. Cumplimos con nuestra misión y regresamos a la Universidad de Panamá, allí nos esperan jubilosos los compañeros que hicieron PATRIA en esa mañana inmensa y gloriosa.

La épica de la Soberanía años después da sus frutos, el Canal es nuestro, sin zonians ni perpetuidad ni enclave colonial.

Amelia Denis de Icaza está feliz, en el planeta Tlon de Jorge Luis Borges, en su cerro Ancón flamea orgullosa la bandera de las dos estrellas entre los colores azul, rojo y blanco.

Gaspar Octavio Hernández está henchido de patriotismo, en La Estrella de Panamá , hace el editorial que lo hace famoso, pues la juventud nunca desmayó hasta liberar a nuestro territorio de la presencia del Coloso del Norte.

Las gaviotas de Ricardo Miró vencieron al águila imperial. La poesía panameña nos nutrió el alma de amor a la Patria.

Somos los hijos del Quijote que luchamos contra los molinos de viento y encarnamos al Cid en su lucha heroica por unificar el territorio español sin árabes. La literatura nos guía en la saga patriótica de una sola bandera en la geografía nacional.

HISTORIADOR, ESCRITOR Y DOCENTE.