La Estrella de Panamá
Panamá,25º

22 de Oct de 2019

Paulino Romero C.

Columnistas

En el 76 aniversario del Colegio Abel Bravo (1942-2018)

Al comenzar sus labores, el colegio recibió en su seno un grupo de 135 alumnos, todos de origen humilde y de extracción popular.

En el 76 aniversario del Colegio Abel Bravo (1942-2018)

Hoy día, 26 de junio, conmemoramos el 76 aniversario del Colegio Abel Bravo de Colón (1992-2018). El Colegio Abel Bravo fue fundado en 1942, mediante el Decreto expedido por el Órgano Ejecutivo fechado el día 8 de mayo, pero la ceremonia de inauguración se llevó a cabo el 26 de junio del mismo año. Inició sus labores en un modesto local, ubicado en calle 4ª, entre las avenidas Central y Meléndez de la ciudad de Colón. El Decreto Ejecutivo creó y organizó el Colegio como un Primer Ciclo Secundario Oficial. Al comenzar sus labores, el colegio recibió en su seno un grupo de 135 alumnos, todos de origen humilde y de extracción popular.

Es difícil hacer un balance del desarrollo del Colegio Abel Bravo en sus 76 años de existencia, sobre todo cuando se ha vivido en transformación y, en cierto modo, se forma parte de él. Lo indicado sería, además, poner en relación esos cambios con el desarrollo de la provincia en todos sus aspectos y el Estado panameño, pero aquí la dificultad aumenta, primero por la dificultad de la materia misma, en segundo lugar, por la falta de medidas, datos y espacios suficientemente detallados que permitan precisar los pasos y la magnitud del desarrollo alcanzado.

El crecimiento demográfico, el impulso hacia la industrialización del país, el desarrollo comercial de la Zona Libre de Colón (creada en la administración del presidente Enrique A. Jiménez en 1948), cuya memoria recordamos y honramos siempre como ‘El benefactor de Colón', hacen surgir una multitud de problemas nuevos que también requieren atención ‘técnica' o ‘científica': la complicación de los contactos de los individuos y de los grupos sociales; la adaptación de las instituciones jurídicas; la organización planificada de la vida económica; la dirección y la práctica de las funciones educativas en el más amplio sentido, etcétera. El Colegio Abel Bravo –como uno de los colegios secundarios más completo de la República— debió atender durante muchos años por igual la formación de bachilleres, de maestros de primera enseñanza, de artesanos y técnicos que pudieran poner en marcha una complicada exigencia de servicio docente, industrial, comercial y profesional moderno, que la formación de científicos que supieran organizar la convivencia pacífica, saludable y digna de los hombres y mujeres dedicados a aquellos menesteres.

Y el Colegio Abel Bravo ha respondido en gran medida al desafío planteado. Para ilustrar esta respuesta, aunque sea de una manera muy general, y a riesgo de abusar excesivamente de nuestra memoria, intentaremos recordar primero, la calidad e idoneidad de sus primeros directores y del cuerpo de profesores que, desde la fundación de plantel, sirvieron con esmero y dedicación su función docente y formativa. Son dignos de mención algunos de ellos: directores, tales como José Guardia Vega, Carlos M. Gallegos y Víctor M. Dosman; profesores de la talla de Ginés Sánchez Balibrea, Felicia Santizo, Martín Herrera, Dulio Arroyo Camacho, Abraham Alvarado, Carlos Grant, Benito Pabón, Luis C. Melo, Yolanda Garzola, Raquel Ortega, Rubén Darío Rodríguez, Florencia Peck, Joaquín Ayarza, Sebastián Aguilar, Walterio Harvey, Lydia Acuña de Vásquez, Emma Salabarría Patiño, Elvia Chávez, Berta Alicia Corro y otros tantos meritorios profesores.

Entre 1948 y 1978, se establecieron cursos de Educación Vocacional, con diversas modalidades: Ebanistería, Auto-Mecánica, Electricidad y Mecánica de Precisión; y dos cursos para señoritas: Modistería y Economía. En 1953, el presidente José Antonio Remón, mediante la Ley 50 de 18 de diciembre de 1952, crea el Ciclo Normal en el Colegio Abel Bravo, lo que permite la formación de cientos de maestros de primera enseñanza durante 20 años, legión de maestros que, en función de tales, contribuyeron positivamente a mejorar las condiciones culturales, sociales y académicas de un sinnúmero de panameños faltos de conocimiento y de educación elemental.

Al tributar el homenaje de mi recuerdo al Colegio Abel Bravo, ‘mi alma máter', en su 76 aniversario de fundación, dejamos constancia histórica de nuestro modesto aporte al esclarecimiento del problema educativo nacional, a través de las páginas de ‘El libro de oro del Colegio Abel Bravo', publicado en junio de 1992, en conmemoración del cincuentenario del primer plantel colonense.

PEDAGOGO, ESCRITOR Y DIPLOMÁTICO.