El Secretario de Energía, Rodrigo Rodrigues, anunció avances relacionados al proyecto de interconexión eléctrica entre Panamá y Colombia, durante la participación...
Hasta hace poco mirábamos el avance de la derecha extrema en Europa asombrados y precavidos, pero sin darnos cuenta, se nos vino al continente, sin tener las condiciones necesarias para enfrentarla y salir con nuevos caminos para el futuro de todos. Lo primero que hay que entender es que la extrema derecha tiene profundas diferencias con la derecha convencional/tradicional. La tradicional respeta las reglas del sistema democrático liberal, adopta posiciones conservadoras en términos morales (aborto, matrimonio homosexual, etc.) y favorece el libre mercado. La ultra derecha adopta posturas de derecha de manera radical, acentúa la problemática con la democracia, en especial con el componente liberal (autonomía de los tribunales de justicia, la legalidad de la administración pública y apoya accionar de organismos supranacionales en contra del poder soberano del pueblo)
La ultra derecha irrumpe en nuestro particular desarrollo socio-económico, con el mandato de Donald Trump en Estados Unidos (2016), y el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil (2018), ninguno de los dos fue reelecto, pero marcaron el camino de poder para la ultra derecha, generando fuerzas políticas como el caso de Nayib Bukeleen El Salvador, José Antonio Kast, Partido Republicano en Chile, Rafael López Aliaga, Renovación Popular en Perú, Guido Manini Ríos, Cabildo Abierto en Uruguay y Javier Milei, La Libertad Avanza en Argentina.
La década de 2000 fue la época de oro para la izquierda en Latinoamerica, los elevados niveles de desigualdad socio-económica en la región permitían un escenario propio para el triunfo de la izquierda ya que fortalecía el concepto de Estado para enfrentar tales desigualdades. Mas sin embargo, la ultra-derecha abre el camino de la controversia en temas socioculturales sobre las socio-económicas en problemas latentes como el aborto, el matrimonio igualitario o los pueblos indígenas. Dinamizan el ataque contra la corrupción, promover la corrección política y crítica a ideas consideradas progresistas.
Además promueve políticas penales contra la delincuencia y contra el aumento de los carteles de la droga en la región. Le interesa controlar las minorías, suprimir su deseo de ejercer el poder político, influir en políticas publicas y obtener recursos gubernamentales.
Como verán, la ultra-derecha es un proyecto político en ascenso a lo largo y ancho del continente, no es casualidad que fuerzas de ultra-derecha estén cobrando peso electoral en diferentes países del continente.
Con el triunfo en Chile de José Antonio Kast, fundador y líder del partido Republicano, y defensor de la dictadura de Augusto Pinochet, llega por primera vez la ultraderecha al gobierno chileno, después del retorno a la democracia. En el tablero latinoamericano la derecha suma así una nueva ficha, que se suma a presidentes como Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador o Nayib Bukele en El Salvador. De 19 países latinoamericanos, actualmente en nueve hay gobiernos de derecha y en diez, de izquierda. Entre estos últimos, en México (Claudia Sheinbaum), Brasil (Lula da Silva), Colombia (Gustavo Petro), Uruguay (Yamandú Orsú), además de Chile (Gabriel Boric). Con la llegada de Kast a la presidencia y el probable resultado de las elecciones en Honduras y Costa Rica, la balanza se inclinará hacia la derecha.
Para nuestro caso Panamá, es obvio que gubernamentalmente seguimos bajo los designios del gobierno ultra derechista y reaccionario del presidente Donald Trump, es necesario generar nuevas alternativas de poder político que nos abran caminos de democracia, progreso y soberanía. Hay que generar espacios de discusión política/ideológica amplia, frente a los modelos económicos: Neoliberal, Keynesiano, Libre Mercado, Alternativo, Socialista; y nuestro papel en el Nuevo Orden Económico Mundial. En el 2029 todo se podrá definir, el trabajo hay que hacerlo y pronto.
Esta incertidumbre política, aun no entendida ni explicada por los políticos tradicionales del país y del continente, exige la renovación de educación política/ideológica por los partidos progresistas de izquierda y derecha convencional, que permita entender y confrontar las políticas reaccionarias de la extrema-derecha, que, sin duda, seguirá ahondando la desigualdad socio-económica y la extrema pobreza de nuestros pueblos.