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22 de Oct de 2020

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Samuel Lewis Galindo

Columnistas

Volviendo, irresponsablemente, al pasado

El presidente Pérez Balladares nos solicitó a don Carlos Vallarino y a mí que cooperáramos con él en la difícil tarea y decisión que había tomado

Cuando fue presidente el doctor Ernesto Pérez Balladares, tomó varias medidas muy difíciles y políticamente costosas, pero que eran muy necesarias para el futuro del país. Vio los problemas nacionales con ‘luces largas', como decía con frecuencia Omar Torrijos. Entre esas medidas estuvo la terminación de las ‘jubilaciones especiales', que en esos días ya eran intolerables por el gran número de ellas y posiblemente también eran inconstitucionales, al crear fueros y privilegios y una gran carga económica para el país.

El presidente Pérez Balladares nos solicitó a don Carlos Vallarino y a mí que cooperáramos con él en la difícil tarea y decisión que había tomado. Fue realmente una misión casi imposible de cumplir, pero con perseverancia nos reunimos varias veces con distintos grupos gremiales que se sentían afectados con la medida. Les planteamos las distintas alternativas, como el ahorro personal, entre otras y, después de grandes esfuerzos, pudimos informarle al presidente Pérez Balladares que podía tomar, sin mayores obstáculos, las medidas en que estaba empeñado. Ella —la eliminación de las jubilaciones especiales— se aprobó con algunas fuertes protestas como era de esperar, pero sin paros ni huelgas ni mucho menos con derramamientos de sangre y muertes.

En 1994 el promedio de vida era de 71 años para los hombres y de 76 para las mujeres. Hoy día es de 75 años para los varones y de 81 para las mujeres. Para el 2030 se espera que el promedio de vida pase de los 86 años. El Seguro Social que fue instituido en 1941, años después se creó el sistema general de pensiones. Desde que se estableció, la edad de vida aumentó en 30 años. En esos años de los 90 la edad de jubilación de los hombres era 62 años y la de las mujeres en 57, lo cual está muy por debajo del promedio de vida en ese tiempo.

Ahora la Asamblea Nacional, irresponsablemente, a propuesta del diputado Mario Miller (que busca la reelección), aprobó rebajar la edad de jubilación para los trabajadores de las bananeras. Para cubrir los gastos que esta medida ocasionará, dispusieron los diputados que el Gobierno pagará al Seguro Social el 50 % del costo de esas jubilaciones. Esa Asamblea, tan desprestigiada por los actos de corrupción, desconoce, al parecer, que ese dinero que dedicará el Gobierno para pagar estas jubilaciones especiales y el de sus propios salarios, salen del bolsillo de los panameños.

Estoy seguro de que algunos dirigentes gremiales muy pronto exigirán, con toda razón y el derecho para hacerlo, que los integrantes de sus grupos gocen de igual medida. Vendrá, sin duda, una escalada de privilegios que terminará por ponerle fin al sistema de jubilaciones, tal cual hoy existe. ¿Qué vendrá luego? Solo el futuro nos lo dirá. La medida tomada por la Asamblea Nacional, le causará a la Caja de Seguro Social un mayor desequilibrio económico.

El presidente Varela la sancionó con una rapidez que no ha tenido para otros proyectos de leyes. Con esa firma y su publicación en la Gaceta Oficial, quedó esta demagógica medida como ley de la República.

Es muy perjudicial para el país que, poco a poco, se vaya destruyendo el sistema de pensiones. Ha prevalecido la demagogia y no el beneficio futuro de nuestra nación. Los países que buscan mejorar la condición de vida de sus habitantes lo hacen con el trabajo y con más trabajo, no con la vagancia y con el populismo que empobrece. Como ejemplo tenemos el caso de Venezuela que de un país de gran riqueza, pasó a ser una nación paupérrima, donde hay más pobreza y gran escasez de trabajo.

Mientras más aumenta el promedio de vida de las personas, en Panamá se baja la edad del trabajo. Un contrasentido increíble.

¡Qué dolor, pobre país!

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