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16 de Oct de 2019

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Rafael Carles

Columnistas

Asignatura que ayuda a pensar

Siempre tuve preferencia por la química, pero, al final, terminé la universidad graduándome de ambas

Matemáticas no era mi asignatura favorita en la escuela. Siempre tuve preferencia por la química, pero, al final, terminé la universidad graduándome de ambas. Y desde entonces pienso que haber estudiado Matemáticas me ha ayudado a perfeccionar las destrezas mentales y crear un marco lógico para entender mejor otros aspectos relevantes de la vida.

Abraham Lincoln ciertamente pensaba así cuando se embarcó en la ardua tarea de estudiar los tratados de Geometría Euclidiana para aumentar sus capacidades cognitivas y habilidades lingüísticas. La idea de que las matemáticas fortalecen la mente de manera similar a como el ejercicio físico fortalece el cuerpo, ayudándonos a ejecutar una variedad de desafíos mentales, se remonta a Platón. Desde entonces es evidente que los procesos como atención, memoria y pensamiento se estimulan al estudiar Aritmética en la escuela primaria, y que funciones cognitivas más elevadas como planificación, proyección, organización, razonamiento y flexibilidad mental, entre otras, se mejoran al estudiar Álgebra y Geometría en la escuela secundaria. Por tanto, en la actualidad existen razones de sobra del porqué todos debiéramos estudiar Matemáticas.

Esto no significa, por ejemplo, que el Cálculo Integral aumentará nuestra capacidad general para realizar tareas como escribir un discurso o balancear el presupuesto familiar. Seguramente una afirmación más exacta sería que las matemáticas, tan sistemáticamente construidas como la secuencia de procesos de Aritmética, Álgebra, Geometría, Cálculo Lineal, Cálculo Integral, probabilidades, ecuaciones diferenciales, números reales y números complejos, contribuyen en definitiva a desarrollar el pensamiento lógico. Y por lógico nos referimos al tipo de pensamiento necesario para resolver problemas de la vida ordinaria, no solo los triviales como medir el tiempo, comprar alimentos, pagar planilla o calcular distancias, sino las matemáticas esenciales para resolver problemas complejos y multivariables como priorizar recursos en tiempo de austeridad y administrar un país en momentos de crisis.

Sabemos por experiencia y en base a resultados de estudios que han investigado los detalles de tales tareas de razonamiento, que estudiantes de Matemáticas en niveles avanzados de secundaria y universidad logran aumentar la capacidad lógica. En particular, se vuelven más escépticos en su razonamiento, piensan de manera más crítica y desarrollan intuitivamente una fórmula para extraer la raíz cuadrada y sacarle el cociente perfecto a cualquier problema en la vida.

Pero estos avances, aunque son lo suficientemente significativos como para establecer una relación causal entre la educación matemática y el pensamiento lógico, son demasiado modestos como para resolver el debate sobre cuánto deberían prescribirse las matemáticas como parte de una educación general y para qué estudiantes. No existe en estos momentos una tasa de éxito predeterminada ni tampoco tenemos conocimiento de un cromosoma específico que haga que algunas personas sienten atracción por las clases de Matemática en vez de las de Historia Universal.

En cualquier caso, el hallazgo más crucial, en nuestra opinión, es cuánto conocimiento se puede aportar al maestro o profesor para que la enseñanza práctica de las Matemáticas logre su cometido. Es interesantemente revelador que, si bien la tarea de contar del 1 al 10 es bien conocida desde la temprana edad, no es familiar para la mayoría de la población realizar operaciones matemáticas más allá de una suma o resta. Tampoco observamos que sea una diversión el examinar números y buscar el significado de sus resultados. Que interesante sería que los niños adquieran curiosidad por los números reales, números perfectos, números primos y números religiosos.

Sobre estos últimos, considere el 153. ¿Qué tiene de especial? Según el Evangelio (Jn. 21, 11), es el número de pescados que Simón Pedro encontró en las redes después que se le apareció Jesús en el lago de Tiberias. Además es un número tan especial que puede representarse de varias formas. En primer lugar, 153 es la suma de todos los dígitos del 1 al 17. También es la suma de los dígitos factoriados del 1 al 5. Y además, es la suma de los cubos de sus propios dígitos (1 al cubo + 5 al cubo + 3 al cubo). Y así como el 153, hay infinitas posibilidades para deleitarse con las Matemáticas y sus números.

En consecuencia, proponemos que se comience a enseñar la tarea de jugar con números y realizar operaciones matemáticas desde los primeros años de vida. Debajo de esta ciencia existen las tuercas y los pernos para absorber conceptos abstractos que ayudan a un sinnúmero de experiencias del mundo real. El pensamiento lógico puede ser promovido por las Matemáticas, pero es un proceso de aprendizaje gradual y complejo que sin duda puede darles a los estudiantes una ventaja al educarlos sobre los desafíos que enfrentarán.

EMPRESARIO Y GRADUADO EN MATEMÁTICAS.

‘[...] que se comience a enseñar la tarea de jugar con números y realizar operaciones matemáticas desde los primeros años de vida'