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12 de Nov de 2019

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Rafael Carles

Columnistas

Ser agradecidos

¿Y no es la insatisfacción el disparador para mejorar las cosas? A menudo lo es.

La gratitud es la madre de todas las demás virtudes, como dijo Cicerón, y es una de las más sanas. Pero también es difícil de alcanzar en una sociedad que siempre está luchando por más. Nuestra tendencia es llegar más allá de lo que hemos logrado, tener expectativas que están más allá de nuestro alcance y atribuir nuestro éxito a nosotros mismos, en lugar de a los demás.

También es fácil confundir gratitud con autosatisfacción. Todos sentimos, de vez en cuando, que las cosas nunca son tan buenas como deberían ser o como queremos que sean. Cuando se alcanza un objetivo, ¿no siempre necesitamos realizar otro? ¿Y no es la insatisfacción el disparador para mejorar las cosas? A menudo lo es.

Sin embargo, la vida sin gratitud es muy dura. La ingratitud nos deja en un estado de perpetuo descontento, mal genio, intranquilidad y zozobra. Despojados de gratitud, nos encontramos frustrados y temerosos, impacientes y nerviosos. La ingratitud también nos ciega de la belleza que existe entre nosotros, de las maravillas de la naturaleza, del don de la amistad y de las bendiciones de la familia. Ignacio de Loyola, el teólogo español del siglo XVI y fundador de la Compañía de Jesús, mejor conocido como los Jesuitas, escribió que ‘la ingratitud es una de las cosas más dignas de detestación ante nuestro Creador y que es un fracaso no poder reconocer las cosas buenas, las gracias y los dones recibidos'. Sobre la base de este punto, Tim Keller, fundador de la Iglesia Presbiteriana Redentora y uno de los principales teólogos de Estados Unidos, señala que ‘la ingratitud es un pecado fundamental más que un pecado superficial, y es una negación profunda de cuán dependientes somos de Dios y de los demás'. Es decir, si no somos agradecidos, es porque no creemos que le debemos nada a nadie.

Si pensáramos en las personas que conocemos y que se caracterizan por ser agradecidas, encontraremos que, en lugar de mirar hacia adentro, son rápidas para ser amables, se acercan al mundo con encanto, no son indiferentes a las dificultades que las rodean, y que en medio del dolor pueden encontrar alegría en sus vidas. Al sentir que son objetos de afecto y amor, las personas agradecidas son más capaces de dispensar la gracia a los demás. Y el resultado es una sociedad más humana, tierna y misericordiosa.

Pero la gratitud en su manifestación más notable está separada de las circunstancias. Aquellos que muestran gratitud en medio de las dificultades, mientras su mundo se rompe a su alrededor, tienen mucho que enseñarnos al resto de nosotros. Un amigo nuestro, al que a su hijo le diagnosticaron cáncer hace cuatro años y que murió recientemente, luego de intentar todos los tratamientos experimentales de curación para esa temida enfermedad, cuenta que en vez de elegir el camino de la tristeza y la desesperación, prefirió agradecer a Dios por la vida. Hace unos meses, al reflexionar sobre cómo las cosas habían cambiado para él y sabiendo que la muerte de su hijo había sido muy dolorosa, nos compartió que cada día es una oportunidad para agradecer y vivir el llamado de Dios.

Ninguno de nosotros está exento de períodos de duda y desaliento. Incluso a veces tenemos momentos que sentimos desesperación por las presiones que se presentan en la vida y que muchas veces creemos que somos incapaces para soportar. Pero, a punta de fe y fortaleza, levantamos los ojos y salimos adelante.

Y aquí es importante resaltar que la gratitud no se limita únicamente a las personas de fe, así como las personas de fe no están exentas de la ingratitud. Pero para muchos de nosotros de la fe cristiana, hay ciertos eventos que son fuentes de continuo agradecimiento. El Viernes Santo y el Domingo de Resurrección son dos de ellos. Nos aseguran que si bien el sufrimiento es inevitable, la muerte no es definitiva y la esperanza es eterna, que hay cosas que están más allá de la alegría y la angustia de esta vida. Hay gratitud en la convicción de que la historia no termina y que hay un sinfín de nuevos capítulos que escribir, y que, en última instancia, hay reconciliación y redención para nuestra vida fracturada y para este mundo de tanto sufrimiento.

Llenos de agradecimiento, queremos hoy desearles, de todo corazón, una hermosa Pascua de Resurrección. Este es un tiempo de alegría muy grande y para nosotros es motivo de gratitud.

EGRESADO DEL COLEGIO JAVIER.

‘Llenos de agradecimiento, queremos hoy desearles, de todo corazón, una hermosa Pascua de Resurrección'