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22 de May de 2022

  • Hugo Santaromita

Columnistas

No más izquierda, nunca más

‘La utopía socialista se fundamentaba en la eliminación de las clases sociales hasta que alguien dijo que el socialismo no es igualdad de clases, sino igualdad de oportunidades, pero ni siquiera eso entendieron'

La izquierda creó un discurso que pontificaba las reivindicaciones, como si fuesen los únicos en el planeta preocupados por la suerte del otro. En realidad, la izquierda surgió cuando un grupo quiso acceder al poder que otros tenían, pero intentando recortar las distancias y anteponiendo el fin a los medios que usaron para llegar a ese ansiado poder.

Su discurso siempre estuvo repleto de retórica y de eslóganes fáciles de digerir por los desposeídos, para luego emprenderla en contra de ellos en un interminable palabrerío que glorifica el fin y el objetivo de la igualdad social sin importar cuán sufrido es ese camino. El problema radica en que no se puede sustituir una sociedad por otra, bajo los mismos términos de poder y con las mismas ansias de gloria, porque se aterriza en lo mismo: sustitución de una élite por otra.

La utopía socialista se fundamentaba en la eliminación de las clases sociales hasta que alguien dijo que el socialismo no es igualdad de clases, sino igualdad de oportunidades, pero ni siquiera eso entendieron. Les cayó tarde el cuara.

Hoy, cuando la izquierda ve reducida su presencia en el mundo y se ve en el espejo de su fracaso, intenta resurgir con fórmulas populistas disfrazadas, como el Socialismo del Siglo XXI o el llamado Foro de Sao Paulo. Hay ejemplos en la región de grandes desastres económicos y sociales, provocados por una izquierda que se hermanó con el populismo y, de paso, se creyó con el derecho de nunca tener que dejar el poder.

El mundo se ha dado cuenta de que las reivindicaciones sociales no suponen necesariamente alinearse con la izquierda, sino que hay nuevos valores como la sostenibilidad, la nueva gerencia social, el ambientalismo, la responsabilidad social empresarial, los Gobiernos corporativos, la inteligencia emocional, etc., que le dan un nuevo cariz a la superación del ser humano y le plantan cara a las injusticias.

El mundo ha cambiado, como ha cambiado la percepción del ser humano por las cosas. La izquierda tuvo su momento, hizo demagogia, transitó el populismo y destrozó las economías.

Hay nuevas fórmulas para llegar al hombre del futuro. La tecnología y la educación son dos de ellas. Busquemos la manera de decirle a los gobernantes que esos son los valores fundamentales del desarrollo en el mediano plazo.

PERIODISTA, ESCRITOR Y ANALISTA.