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23 de Oct de 2019

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Lucho Navas: mérito y autoridad

Una vida de lucha y aportes a las batallas sociales puede contener los méritos suficientes como para el reconocimiento social

Una vida de lucha y aportes a las batallas sociales puede contener los méritos suficientes como para el reconocimiento social o el aplauso popular, por el cumplimiento de la frase, ya casi regla, del joven Bertolt Brecht acerca de los imprescindibles.

Pero la sustentación y la permanencia, la solidaridad y el desprendimiento, el punto de referencia inequívoco y la certeza del respeto y la sencillez que se resume en una persona, pese a los obstáculos, a las atrocidades sin parámetros de los adversarios, y los contratiempos que, aun cuando te sorprenden, no te apartan del difícil camino de la lucha social, te aportan una categoría especial, una forma de llevar la vida en que traslucen mérito y autoridad.

Es el caso de Luis Navas Pájaro, catedrático al que la Universidad de Panamá le ha tributado el miércoles cinco de este mes un homenaje justo, necesario, de rigor; una figura permanente, que no puede obviarse de ese escenario de esfuerzos nacionalistas empeñados por los panameños durante todo el siglo XX, y a los que él decidió dedicarles la vida.

Supe de su palabra por primera vez en mayo de 1972, cuando rendía informe al VIII Congreso Nacional de la Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) en calidad de secretario general saliente, y al que yo asistía como parte de la delegación de la Asociación Federada del Instituto Fermín Naudeau.

Él había accedido al cargo después de los dramáticos sucesos de enero de 1964; siete años antes había hecho presencia en el movimiento popular colonense como parte de esa particular y meritoria generación de 1958, cuya militancia encarnó el renacimiento de una actividad estudiantil perseguida y acosada desde que en 1947 obligara al régimen de turno a rechazar los tratados de base de 1947.

Así que, en 1958, cuando junto a figuras como Carlos Núñez, Luther Thomas, Félix Dixon, Ramiro Vásquez, Tuto Arosemena, Ascanio Villalaz, Virginia Ramírez, Diana Morán, Andrés Cantillo, Ricardo Arturo Ríos, Humberto Brugiatti, Ornel Urriola Marcucci, Polidoro Pinzón, Ana Matilde Ruiloba, Eduardo Santos Blanco, Aurelio Girón, Adolfo Ahumada y Pedro Rivera, entre muchos otros, asumían la batalla social y por el rescate de la soberanía sobre la Zona del Canal como un apostolado, Navas se inscribía en el hilo conductor de una historia de luchas de la que no se ausentaría jamás.

En junio de 1966, el asesinato en la tortura de su hermano Juan sería un duro golpe a su familia y al movimiento estudiantil, que permitiría saber de qué clase de barro estaba hecho Lucho Navas, y por qué durante el homenaje tributado recientemente definiría a junio en su vida como un mes emocional.

El cadáver de su hermano Juan, aparecía el día primero de ese mes en el corredor de Colón. Había sido asesinado en las mazmorras del Departamento Nacional de Investigaciones (DENI), porque —prejuicios de la guerra fría— las autoridades de turno ‘suponían' que había sido preparado para supuestas acciones militares en la Unión Soviética, de donde había regresado el 30 de mayo de ese año, después de un tratamiento médico por las esquirlas de perdigones que llevaba en su cabeza desde los acontecimientos del 9 de Enero de 1964.

Tras aquellos acontecimientos, como el resto de la dirección del Movimiento Popular que desde la clandestinidad dirigía el Partido del Pueblo, Luis Navas fue a parar a la cárcel de donde salió en septiembre de 1967, tras una amnistía promovida por el entonces diputado Tito Arias por la libertad de los presos políticos. Antimilitarista, como todo el movimiento popular de la época, también fue a parar a la cárcel tras el golpe de 1968, pese a lo cual y tras identificar posiciones nacionalistas en el general Omar Torrijos, vuelca todo su esfuerzo y militancia a favor del proceso de cambios que comienza a darse en el país desde 1970.

Luchador social, militante estudiantil, máximo dirigente de la FEP, historiador y catedrático, experto en las relaciones de Panamá con los EE.UU., Navas resume en su conducta, sin dramas ni exhibicionismo, la de un hombre preocupado por su país. Cuando terminó su carrera, dedicó a su hermano su tesis de graduación. En la primera página incluía una dedicatoria que lo retrataba de cuerpo entero y que, a mí, en lo particular, me llamó la atención desde entonces hasta hoy: ‘Si no a ti, Juan, ¿a quién?'.

La conquista de la soberanía panameña a través de los Tratados Torrijos - Carter de septiembre de 1977, materializada en diciembre de 1999, con la salida de las tropas norteamericanas de territorio panameño, después de un siglo de ocupación, sumó los sacrificios y el entusiasmo de un número plural de generaciones. ‘Es la religión que une a todos os panameños', como dirían varias voces por aquellos años. Entre esas generaciones y entre esas voces se puede reconocer con toda claridad la de este hombre sencillo y preclaro.

A lo largo de su vida, quienes lo conocemos subrayamos su rectitud, su solidaridad, su palabra comprometida y responsable, pero sobre todo su ilimitado compromiso con las causas progresistas.

En enero pasado Marielita Sagel lo ha propuesto para integrar la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá. ¿Quién con más autoridad y méritos que tú, Lucho Navas?

PERIODISTA