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16 de Jan de 2021

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Juan Diego Correa Quirós

Columnistas

Desarrollo social en Panamá: ¿abrazamos el cambio o seguimos discriminando?

Por ley debe haber salarios iguales, una representatividad laboral equitativa y más movimientos sociales para que la mujer se empodere en Panamá.

No podemos pretender llegar a ser un país primermundista si los valores y principios de muchos panameños son regidos por el machismo, la discriminación y la xenofobia.

En pleno 2019 todavía se oyen burlas sobre el físico de una mujer y su rol estereotipado como pareja y ama de casa. Además, se menosprecian sus esfuerzos y habilidades para conseguir trabajos de alto perfil.

Por ley debe haber salarios iguales, una representatividad laboral equitativa y más movimientos sociales para que la mujer se empodere en Panamá.

También es inaceptable que personas discriminen a otras por tener Síndrome de Down o Autismo. No es solo la burla, sino la discriminación de oportunidades educativas y laborales por simplemente comportarse diferente.

El verdadero desarrollo social se logra dejando a un lado el rechazo hacia el cambio y abrazando la inclusividad.

Algunos se jactan de tener la mente abierta, sin embargo discriminan generalizando a los venezolanos, colombianos y nicaragüenses que buscan una mejor calidad de vida en Panamá.

Sí, que se vayan de Panamá los lavadores de dinero, la narcomafia, prodictadura y los prepotentes de cuello blanco, pero no podemos generalizar.

Todos somos ciudadanos y el respeto debe prevalecer por encima de cualquier discurso de odio. Tenemos derechos y deberes que cumplir para mejorar como personas.

El desarrollo sostenible se basa en permitir el cumplimiento de los derechos humanos, culturales y promover la igualdad. Por eso no se puede permitir la imposición de ideologías y religiones que dividan a la sociedad panameña.

Es por eso mismo que el Estado panameño debe permanecer laico y optar por cumplir los derechos de todos los ciudadanos, incluyendo a la comunidad LGBT.

Aunque muchos ciudadanos están cegados por los prejuicios, no se puede negar que aquella comunidad forma parte de nuestra sociedad y merecen el igual trato y derechos por ley.

Si queremos ser como Finlandia, Holanda o Canadá, entonces la igualdad debe dejar de ser selectiva. Porque ninguno de nosotros es igual hasta que todos seamos tratados como iguales.

ESTUDIANTE DE CIENCIAS POLÍTICAS Y PERIODISMO.