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19 de Jan de 2021

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Julio Bermúdez Valdés

Columnistas

Los retos de la Asamblea

Un mensaje que cobra mayor fuerza si se considera que de los 56 diputados que fueron a la reelección solo nueve volvieron a sus curules.

La dura derrota del panameñismo y la propia victoria del PRD en las elecciones de mayo pasado conllevaron un mensaje que ninguna fuerza política debe ignorar: la ciudadanía no quiere más de lo mismo. Un mensaje que cobra mayor fuerza si se considera que de los 56 diputados que fueron a la reelección solo nueve volvieron a sus curules. Los cambios son impostergables.

Es en ese contexto en el que hay que evaluar la elección de la figura que presidirá la Asamblea Nacional en el periodo 2019-2020 a realizarse el lunes venidero.

Y no se trata solo de las campañas mediáticas realizadas en contra de esa corporación o de las presiones que ha debido soportar desde el Órgano Ejecutivo. Si esas campañas fueron posibles fue porque muchos diputados dieron pie a ellas.

Durante la última década, la ciudadanía debió observar inconforme cómo se rompía la conducta tradicional de algunos parlamentarios, estimulada desde el Gobierno con ofrecimientos, omisiones de la Contraloría y desembolsos desde el MEF, cuya falta de fiscalización ha quedado en evidencia en las presiones que desde la propia Contraloría se impusieron en los dos últimos años.

Dádivas en un momento, y presiones en otro. Endulzar al diputado primero, para señalarlo después.

Probado o no, la percepción ciudadana es que el Parlamento se convirtió en un mercado donde se negociaban leyes a cambios de favores, sin que los mismos implicaran la atención a los principales problemas de la sociedad.

Aun cuando en algunos años hubo serios esfuerzos por transformar ese organismo en un reflejo de las aspiraciones ciudadanas, entre las campañas y la extraña discreción de muchos diputados, la Asamblea perdió prestigio, autoridad y la posibilidad de jugar un rol efectivo en el progreso del país.

La próxima Asamblea, que se escoge el lunes, debe ser un freno radical a criticadas prácticas parlamentarias; debe colocar la transparencia por delante, si bien sus integrantes tienen la posibilidad de una cooperación armónica con el Ejecutivo, deben cesar el ausentismo y ceder a las llamadas ‘donaciones' que en el quinquenio que está por terminar tanto daño le hicieron a ese organismo.

La Asamblea debe volver a ser el foro de todos los sectores de la sociedad, a acoger cuanta propuesta ciudadana llegue a su seno, y a demostrar que es posible ejercer un rol favorable a los sectores más vulnerables, sin necesidad de dádivas ni sobornos.

De esa Asamblea, cuya directiva se escoge el próximo lunes, depende la posibilidad de que el ciudadano vuelva a creer, por lo tanto desde sus elecciones hasta sus actuaciones deben estar signadas por una conducta irreprochable, donde prevalezca la unidad y el debate abierto y transparente.

PERIODISTA