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09 de Dec de 2019

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Ernesto A. Holder

Columnistas

En realidad: ¿quiénes somos?

Ya no hay temor en mostrar la opinión emocional por encima de la opinión educada

Seth Stephens-Davidowitz, un economista graduado de Harvard y científico de datos (data scientist), publicó en el 2017 el libro: ‘Everybody lies: Big Data, New Data, and what the internet con tell us about who we really are'. (‘Todos mienten: Big Data, nuevos datos y lo que el internet puede decirnos sobre quiénes somos realmente'). Analiza el enorme banco de datos de búsqueda de Google para sacar conclusiones sobre el comportamiento humano. Es un trabajo que puntualiza la complejidad del ser humano que, acostumbrado a ‘administrar y controlar' la verdad de quienes realmente somos, contrasta dramáticamente con la realidad de su verdadero Yo en su interacción electrónica, particularmente con sus búsquedas en Google.

Especulé en un artículo titulado ‘El íntimo Yo, el íntimo Tú' que: ‘… independientemente del ser social, político y cultural que se es, ante todo, somos biológicos (buenos y en algún sentido impuros en nuestra intimidad), y que como el resto de los seres animales que habitamos esta tierra, no podemos abandonar totalmente al Ser que Tú y Yo sabemos que somos. A la verdadera persona; y lo importante es no engañarse uno mismo'.

Ese artículo se refería a nuestras realidades, ante todo, como seres biológicos en la intimidad sexual y hacia referencia (entre otros) al caso del exdirector del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn, acusado en ese entonces de abuso sexual a una trabajadora de un hotel en Nueva York.

En ese mismo escrito, teorizando, expuse que: ‘El ser humano llega a ser muchas cosas a lo largo de su existencia. Se conduce por el tiempo y la vida administrando, controlando – para bien o para mal – sus impulsos y emociones. Se han escrito miles de páginas repletas de estudios y teorías sobre el comportamiento humano, la evolución de la misma ante las exigencias de la vida en el núcleo familiar y en sociedad.' Estas percepciones las publiqué en el 2011, en tiempos de Barack Obama, y a mi parecer, estructuradas desde mis limitados conocimientos y observaciones sobre la realidad.

Como toda teoría es necesario revisarlas cada cierto tiempo. Ante lo expuesto por Stephens-Davidowitz y mis teorías en el artículo, hay coincidencias en que nos conducimos ‘por el tiempo y la vida administrando, controlando (… nuestros) impulsos y mociones'. Pero eso ya no parece ser tan así. El Intimo Yo y Tú involucra mucho más que nuestros - a veces - incontrolables gustos y/o desviaciones biológico-sexuales.

Ya no hay temor en mostrar la opinión emocional por encima de la opinión educada; tratar de darle forma a las interrelaciones sociopolíticas desde la óptica de lo que me conviene a mi con el pretexto de representar a los sectores sociales vulnerables y en riesgo. (Muchos actores político y politiqueros dicen trabajar a favor de eso y muchos lo creen). Estamos envuelto emocionalmente entre conductas aprendidas y asimilados por nuestro entorno inmediato (incluyendo los que aprende de los medios de comunicación) que nos ha convertido en un ser casi indescifrable sin temor a expresar públicamente nuestras desinformadas opiniones.

Lo que vivimos hoy en tiempos de Donald Trump, de rechazo a los emigrantes en las fronteras de los Estados Unidos, el ensañamiento contra los venezolanos, aquí en Panamá, las oleadas mundiales de emigración de personas en busca de mejores condiciones de vida, ha destapado de cierta manera otra realidad sobre nosotros, una que pensábamos superada, por lo menos desde la perspectiva de la creencias religiosas que promulgan ‘el amor al prójimo'.

Seguramente el estudio de la Data sobre Panamá en Google nos ayudaría con algo más de precisión científica a conocernos íntimamente para compararlo con lo que hemos visto abiertamente, o lo que se da en Twitter sobre el asunto de la emigración. Big Data debe mostrar que por algunos desafortunados episodios negativos, no todos los extranjeros merecen nuestro desprecio (estoy seguro de eso sin conocerla data). También nos podrá dar luces de cómo nuestro sentido social, patriótico, humano, etc., ha ido transformándose poco a poco.

Una sociedad del siglo XXI debe conocerse y trabajar afanosamente por corregir sus debilidades. Los datos están allí y seguramente los interesados en estudiarlos. Las leyes hay que cumplirlas, de eso no hay duda, pero si queremos preservar la imagen de lo que éramos y ese sentido de inclusión y respeto por nuestra multiculturalidad, es necesario abrazar el bien superior de la solidaridad humana.

COMUNICADOR SOCIAL.