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12 de Dec de 2019

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Jerónimo Ramírez Villalbaopinion@laestrella.com.pa

Columnistas

El mantenimiento de las escuelas públicas

“Existe una realidad, y es que los fondos destinados para el mantenimiento, rehabilitación y construcción de escuelas y colegios resultan insuficientes”

Decía el Dr. Phill Smith, consultor del BID para el Ministerio de Obras Públicas en la década de los setenta, que la efectividad de toda obra de infraestructura era su posterior mantenimiento, de lo contrario, estaría destinada a deteriorarse y desaparecer.

En nuestro país existen más de 3000 escuelas primarias y un par de cientos de colegios públicos; la gran mayoría de estos construidos hace muchas décadas. Las condiciones físicas de la mayoría no son las más adecuadas. Existe un serio problema de mantenimiento y rehabilitación que trae mucho tiempo de arrastre. En los años sesenta a un abogado y ministro de Educación, Alfredo Ramírez, se le llamó el sembrador de escuelas, porque realizó un programa de construcción en todo el país. Tenemos muchas escuelas antiquísimas.

Ante el incremento de estructuras educativas en Panamá, una fórmula bastante efectiva para el mantenimiento fue la creación del DIMCE que estuvo a cargo del ingeniero Gregorio Castillero. Tenía sus oficinas y depósitos en la vía Fernández de Córdoba, contiguo a la plaza donde ahora está Acodeco.

Al aprobarse el seguro educativo, y creación del FECE, parte de este millonario fondo se traspasó a los colegios de educación media, utilizando una fórmula matemática que entiendo propuso el matemático profesor Félix Cuevas.

Existe una realidad, y es que los fondos destinados para el mantenimiento, rehabilitación y construcción de escuelas y colegios resultan insuficientes. En 1990, cuando fui director de Administración del Minieduc por unos meses, conversé con un alto funcionario norteamericano en la entonces escuela secundaria de Curundú y me indicó que el presupuesto de 13 escuelas en la Zona del Canal era de 179 millones, suma muy similar al presupuesto del Ministerio de Educación en 1990. Guardadas las proporciones, Panamá no destina nada para la educación.

Es de reconocer que el presupuesto en educación se ha incrementado exponencialmente. Que los dos últimos Gobiernos hicieron aumentos sustanciales a los educadores, y que se han construido algunas obras de importancia, como la escuela modelo bilingüe en Pacora.

Con el actual Gobierno es de esperar, que siendo la educación “estrella” de la administración del presidente Cortizo, se priorice efectivamente en la solución de las infraestructuras educativas, invirtiendo los recursos máximos que sean posible asignarles.

Uno de los planteles icónicos de educación primaria en la ciudad de Panamá, y que ha sido modelo entre muchas escuelas, la Escuela Dr. Belisario Porras, debió suspender clases durante la semana pasada por un problema de falta de agua potable y el desbordamiento de aguas servidas. Su directora, docentes y funcionarios del Meduca estaban buscando solucionar este problema que es secular en muchas escuelas.

La solución es atacar de lleno el problema asignando los recursos económicos que se requieren. Esto es una prioridad, y una deuda social con los estudiantes panameños, futuro de este país.

Aquí no solo está en juego la continuidad de la educación de los niños, sino que es un problema de salubridad pública, ya que pueden darse enfermedades y hasta mortalidad.

Administrando adecuadamente el presupuesto nacional, y racionalizando sus gastos, la seguridad en las infraestructuras escolares debe contar con acciones inmediatas. Igualmente correlacionado está la dotación de agua potable, además de las escuelas, en todo el territorio nacional.

Las Naciones Unidas han declarado como uno de los objetivos del milenio, solucionar el problema de falta de agua en el mundo.

Ojalá el Gobierno emprendiera un plan de emergencia para solucionar estos dos problemas: infraestructura y agua potable; que fueron promesas del Gobierno anterior que quedaron inconclusas.

Docente universitario jubilado.