La Estrella de Panamá
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14 de Oct de 2019

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Columnistas

Solo con trabajo y educación se hacen grandes los países

“En nuestro país existen muchas personas e inclusive familias que han podido triunfar por su permanente laboriosidad”

En algunas naciones, muy pocas por suerte, existen pequeños grupos muy populistas y demagogos (la mayoría de esas minorías son comunistas) que promueven la disminución del horario semanal de trabajo. ¿Se imaginan ellos, en su equivocado pensamiento, que los países puedan mantenerse sin ninguna afectación en su crecimiento con pocas horas laborales?

No existe ninguna nación que se haya engrandecido con vagancia ni hay hombres que puedan triunfar sin mucho trabajo.

Panamá debe su extraordinario desarrollo al intenso trabajo de muchas personas: ejecutivos, sindicalistas e inclusive políticos. Los dirigentes, en cualquier actividad, se han podido destacar por su completa dedicación y mucho trabajo en las labores que realizan.

En nuestro país existen muchas personas e inclusive familias que han podido triunfar por su permanente laboriosidad.

Podemos tomar como ejemplo a los Motta. La familia entera, a la cabeza de la cual se encuentra hoy don Stanley Motta, ha tenido siempre un denominador común: el trabajo y la educación. A pesar de conocer superficialmente al Sr. Stanley Motta, sé, al igual que muchas personas, que es un empresario de gran éxito y un hombre muy sencillo que jamás hace alarde de su fortuna y está dedicado por completo a su familia, y al trabajo; contribuye mucho a actividades caritativas y promueve distintas organizaciones que incentivan la superación educativa.

A la anterior generación de los Motta, compuesta por Arturo, Alberto, Roberto, Jorge y Felipe, los conocí a todos, pero solo tuve amistad con uno de ellos, Felipe. Cuando yo era muy joven él tenía una pequeña gasolinera frente al Hotel Internacional. Después de varios años fuimos miembros de varios patronatos, entre ellos, el que combatía la epidemia de polio, que en esos años afectó mucho a nuestra población. Pasado algún tiempo —y con muchos más años—, Felipe se dedicó a fomentar el deporte en la niñez y a ayudar económicamente a los ancianos semanalmente desde su oficina.

Así como la familia Motta, hay varias otras que en forma silenciosa, con mucho trabajo y buena educación, se han dedicado a lograr el progreso en Panamá, creando también fuentes de empleo. La mía, modestia aparte, es una de ellas.

Ningún país moderno: EE. UU., China, Rusia y otras naciones europeas han progresado con vagancia. Ha sido todo lo contrario, con trabajo, siempre trabajo y mucha educación.

Si deseamos, como es el querer de muchos, reducir la pobreza y la desigualdad en Panamá, tenemos que trabajar todos y darle una buena educación a nuestros hijos; es la única manera de lograrlo. Tomará varias generaciones, pero hay que comenzar estableciendo una política de Estado a largo plazo. De otra manera, continuaremos aspirando a ser un país de primer mundo y en eso solo quedaremos, en una aspiración, mientras los niveles de pobreza siguen sin disminuir.

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