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06 de Dec de 2019

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Olimpo A. Sáez M.olimpo.saez@gmail.com

Columnistas

Entendimiento nacional o desastre nacional (I)

“[...] he manifestado que las “reformas constitucionales” no van a acabar con la corrupción y que tampoco van a resolver los graves problemas que aquejan a los panameños [...]”

Luego de las manifestaciones de universitarios, sindicalistas, educadores y otras organizaciones de la sociedad civil, a las cuales se les abrió las puertas de la Presidencia de la República y de la Asamblea Nacional para escucharlos rechazar el “Proyecto de Reformas Constitucionales”, un mar de dudas, con opiniones de juristas, ciudadanos, organizaciones, han ido creando una ola de decepción, oposición, recriminación, exigencias, que hace casi imposible encontrar un consenso entre el Gobierno nacional, los diputados, la Concertación y la ciudadanía regada por toda la geografía nacional.

Se ha señalado que en política no basta la “buena fe” de una propuesta, ya sea de una persona, gobernante, partido político o grupo social, sino que también es importante el momento, el contenido, la forma y las expectativas que tiene la ciudadanía sobre sus problemas más acuciantes del día a día. Debemos recordar que el panameño es de visión corta y sufre de necesidades prioritarias.

El país viene padeciendo, ya hace bastante tiempo, de problemas nacionales y populares sin solucionar. Las esperanzas se encienden en cada jornada electoral con promesas y discursos y el pueblo trata con la alternabilidad del poder de los distintos partidos políticos que sus problemas se solucionen. Así vivimos, cada cinco años en Panamá, entre las pocas esperanzas y las muchas frustraciones.

Yo he venido señalando y discrepando hace bastante tiempo con viejos amigos, de muy buena fe, que las “reformas constitucionales” no son prioritarias para los panameños. Que tampoco la Constitución de 1983 es la misma que mandó a redactar Omar Torrijos Herrera en 1972. También he manifestado que las “reformas constitucionales” no van a acabar con la corrupción y que tampoco van a resolver los graves problemas que aquejan a los panameños desde hace ya bastante tiempo. Las “reformas constitucionales” propuestas en los diversos foros, por diferentes organizaciones y apóstoles, no van a generar “nuevos panameños”, ni van a proporcionar agua, trabajo, comida, salud, educación, honestidad, vivienda, igualdad para mejorar la vida de los panameños. Crear esas ilusiones en los panameños, es engañar, confundir, enredar y terminar frustrando a la ciudadanía.

Ninguna constitución en el mundo es perfecta. Ninguna constitución en el mundo es original. Ninguna constitución acaba con la corrupción pública o privada. Ninguna constitución acaba con la maleantería política. Estas tareas estarán hoy y mañana pendientes de los mismos ciudadanos, de su educación, de la moral personal y colectiva y fundamentalmente del coraje de sus ciudadanos para denunciar y protestar una y mil veces en las calles, en los foros, en los medios y donde sea necesario para que los gobernantes elegidos cumplan con su palabra, para que los diputados, alcaldes y representantes cumplan con sus obligaciones. Disposición permanente de los ciudadanos a la militancia cívica y democrática para mejorar la sociedad donde vivimos y exigir que se nos respeten nuestros derechos de disfrutar una vida decente con esperanza de que la muerte nos sorprenda con el derecho a una sonrisa al dejar este Panamá, un poco mejor de como la vivimos.

En 1983 un cuadro desmejorado de la sociedad panameña existía y se caminaba sin seguridad para ningún lado. El proyecto político vertical, autoritario y cívico-militar de Omar Torrijos, iniciaba su declive nacional. La bandera unitaria de los tratados canaleros, por lo cual se sacrificó la democracia, las libertades, la prensa libre, los partidos políticos, la independencia de los sindicatos y organizaciones sociales, empezaba los desamarres con el “Veranillo Democrático” que había iniciado Omar Torrijos a raíz del gran debate de los Tratados de 1977: elección por los representantes de Aristides Royos como presidente de la República en 1978, se resucitaron los partidos políticos, nacieron los periódicos independientes, se inició la entrada al Canal con Fernando Manfredo como subadministrador en 1979; el apagón político y cívico de 1968 que se alumbró en las calles en septiembre y octubre de 1977 con el debate canalero, volvió a las calles con los educadores en la jornada de septiembre y octubre de 1979 con el “AHORA O NUNCA”; vendrán nuevas elecciones de legisladores por el voto popular y con los partidos políticos en julio de 1980, la muerte inesperada de Omar Torrijos en cerro Marta en 1981, más tarde llegará la renuncia de Royo de la Presidencia y su reemplazo por Ricardo de la Espriella en 1982. Las propuestas de reformas constitucionales, aprobadas en Referéndum Nacional en abril de 1983, creando otra Carta Magna distinta a la de 1972. Con ella, se organizan las elecciones de 1984 y el fraude electoral realizado por el Tribunal Electoral y las Fuerzas de Defensa (FFDD) en contra del ganador, Dr. Arnulfo Arias Madrid.

Luego del “entendimiento nacional” de los partidos políticos (a excepción del Partido de Acción Popular, PAPO), con el Gobierno de La Espriella y las FFDD que dirigía el general Rubén Darío Paredes para Reformar la Constitución Nacional de 1972 y democratizar la vida nacional en 1983, el país y la República caminarán hacia el desastre nacional...

Continuará...

Político