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07 de Dec de 2019

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Mariela Sagel

Columnistas

En honor de las mujeres

“La lucha que libraron las hermanas Mirabal [...] fue expuesta en un bellísimo testimonio literario por la autora dominicana Julia Álvarez [...]”

El lunes 25 de noviembre se celebró, a nivel mundial, el “Día de la violencia contra la mujer” y la fecha tiene un significado muy especial, ya que en 1960 murieron asesinadas las tres hermanas Mirabal, militantes opositoras al dictador Rafael Leonidas Trujillo, en la República Dominicana. Patria, Minerva y María Teresa Mirabal se enfrentaron a una sangrienta dictadura y fueron eliminadas por la policía secreta. Su lucha no fue en vano, ya que se convirtieron en un emblema que llevó, en 1999, a la Organización de Naciones Unidas, en su asamblea general de diciembre de 1999, a sensibilizar a la opinión pública sobre el problema de la violencia contra las representantes del género femenino y declarar ese día conmemorativo.

La lucha que libraron las hermanas Mirabal en República Dominicana fue expuesta en un bellísimo testimonio literario por la autora dominicana Julia Álvarez bajo el título “En el tiempo de las mariposas”. La violencia contra las mujeres ha ido degenerando en un problema estructural, y pretende mantener o, en su defecto, incrementar, la subordinación de nosotras al género masculino. Tiene su base en la falta de equidad entre el hombre y la mujer, que se da en lo público y lo privado y no discrimina ni edad ni posición social. Cada día hay más evidencia del machismo y la misoginia que prevalece en nuestra sociedad, y urge transformar las reglas sociales y los roles que nos subordinan. A diario escuchamos de casos de feminicidios en nuestros países que supuestamente son avanzados, versus otros, donde todavía hay tráfico de mujeres, mutilación genital, los casamientos como moneda de cambio, la violencia sexual, y otros casos más.

Según estadísticas mundiales, 70% de las mujeres experimentan violencia en algún momento de su vida, pero la misma puede ser silenciosa, disfrazada y hasta “dulce”, como la llamó la destacada antropóloga panameña Edilia Camargo en su obra “Violencia dulce”, que es una recopilación de escritos sobre el tema de la violencia, en su cara oculta, ejercida por las propias instituciones del Estado, que son las encargadas de proteger el acceso a los derechos fundamentales de sus ciudadanos, particularmente las mayores de 60 años de edad. La Dra. Camargo se enfoca en los derechos de los adultos mayores, la manipulación de la doctrina de derechos humanos con fines políticos, manipulación también de identidades culturales. La llamó “dulce” porque es el maltrato y el abuso que se le hace creer a las víctimas de que se ejerce un mandato natural y normal, y hasta legal.

En estas fechas estuvo en Panamá la escritora española Julia Navarro para presentar su última novela “Tú no matarás” y en todas las intervenciones que tuvo, así como en el mismo acto de presentación, reflexionaba sobre el papel de la mujer en nuestro país en el campo de la cultura y caía en la cuenta de que mis congéneres hemos llevado adelante todos los movimientos de avanzada en este campo y en otros, y de no haberlo hecho, no hubiéramos avanzado. El Patronato de Panamá Viejo, el Museo del Canal Interoceánico, la Biblioteca Nacional, la Cámara Panameña del Libro, y otras instituciones tienen a la cabeza mujeres aguerridas, de avanzada y sin temor, así como en otras, donde no están a la cabeza, están en posiciones de segunda, lo que las hace indispensables para el funcionamiento de las entidades. Ahora, el Canal de Panamá tendrá una subadministradora, que tiene todos los méritos y experiencia para gerenciar esa honrosa posición y en las recientes designaciones a magistrados, se destacaron a abogadas que son profesionales del derecho en las que confiamos que harán un buen trabajo para enderezar la balanza de la ciega justicia, que tan chueca ha estado en la última década.

Pero no podemos dejar a un lado que han sido también mujeres las que han torcido las actuaciones públicas de posiciones clave para beneficiar a los inescrupulosos que nos gobernaron, como es el caso de la actual procuradora, que en cinco años no ha hecho nada bien en su puesto, y se la pasó complaciendo al presidente que la nombró hasta límites impensables. Eso no pasa porque sea mujer sino porque no tiene autoestima ni escrúpulos, igual que el resto de lambones que chateaban con él todo el día y se aguantaban sus rabietas. Ahora tenemos que estar vigilantes de que, mientras sale de su puesto finalmente, no se tuerzan más las cosas y los casos pendientes de procesos en el Ministerio Público.

Arquitecta