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11 de Aug de 2020

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Jorge Luis Macías Fonseca

Columnistas

La selección del presidente

“Las designaciones a las magistraturas en la Corte Suprema de Justicia, los obliga a estar a la altura de las demandas de la población. Una desilusión sería catastrófica para el país [...]”

El país en su conjunto se mantiene con la atención concentrada frente a la selección de magistrados y suplentes a la Corte Suprema de Justicia. La acción del primer mandatario del país, en el caso de la selección de esos funcionarios de justicia mereció la aprobación ciudadana, principalmente de los sectores organizados, económicos y políticos.

Desde luego, la metodología para la decisión de los seleccionados pasó por un tamiz que le dio al magistrado principal de la nación autenticidad en la acción.

El pueblo, como siempre, no entiende de tecnicismos, pero sí tiene claridad de que la justicia transita por su peor momento y que la misma ha sido puesta al servicio de los intereses de los poderosos económico y político, por lo que era apremiante un replanteo en las figuras que han de situarse en los espacios más importantes de la justicia, como lo es la suprema corte.

Pero, si las designaciones buscan un cambio de rostro y de actitud, es prudente darse un tiempo para ver cómo evolucionan en su andar. Las experiencias han sido traumáticas. Muchos de los que han aspirados a posiciones, han llegado y una vez en el sitial sufren una radical transformación, lo cual inexorablemente ha conducido a la población al desaliento, a la desesperanza y a la incredulidad.

Es cierto que el país necesita de todas las condiciones para que la inversión privada se dé sin mayores riesgos, pero igual la sociedad en su conjunto requiere el desarrollo de políticas públicas beneficiosas. En todo esto, la justicia juega un papel preponderante y los actores encargados de la administrarlas siempre deben estar más allá de toda duda.

Sin embargo, esto no ha sido siempre así y podría dudar que fuese diferente. Las conductas reprochables y situadas —muchas de ellas— en el terreno de lo ilícito han dado fe de actitudes contrarias a la que juraron al asumir el puesto.

La crisis por la que pudiera estar atravesando variados aspectos de la sociedad obliga hoy a que las decisiones del Gobierno sean debidamente pensadas. Es eso lo que va ayudar a ir restableciendo la confianza ciudadana. En este país nadie cree en nadie. Y como se ha dicho que en “Panamá no se gana ni se pierde reputación”, nunca ha importado a los administradores de la cosa pública actuar conscientemente y de manera honesta y responsable.

Las designaciones a las magistraturas en la Corte Suprema de Justicia, los obliga a estar a la altura de las demandas de la población. Una desilusión sería catastrófica para el país que ante los desaciertos acumulados puede expresarse públicamente con fuerza, dándole contenido a la consigna que: “cuando un pueblo viril llora la justicia tiembla”.

Y el escenario que pareciera ya dibujado, debe completarse con la designación de un nuevo procurador ante la renuncia de la actual, motivada por las filtraciones presidenciales que pusieron al descubierto el contubernio entre los que visceralmente dirigían el país.

Todas las designaciones deben aguardar al tiempo. No olvidar lo que se ha dicho: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

Ojalá y fe debemos tener para que las cosas sean diferentes.

Docente universitario.