Temas Especiales

14 de Aug de 2020

Berna D. Calvit

Columnistas

¿Por qué responder siempre sí?

“Hoy, 30 años desde aquella infame Noche Negra, mis sentimientos no han cambiado”

El artículo con este título fue publicado en 1992 pocos días antes de la visita de George Bush padre a nuestro país. Es decir, 2 años y medio después de la infame invasión de 20 de diciembre de 1989. Dije entonces: “El presidente Bush visitará (incluyendo almuerzo y con la boca llena no se habla) al presidente Endara durante hora y media y después estará 20 minutos en la Plaza Porras. Va camino de Río de Janeiro donde lo esperan con gesto de desagrado los representantes de las naciones que, como pocas veces, han logrado ponerse de acuerdo en un asunto que nos atañe a todos: salvar el planeta Tierra. El señor Bush, fiel a sus principios, antepone los intereses económicos que representa por lo que no firmará el tratado que podría aliviar la agonía de este mundo que se nos muere.

Dándole bola negra a Bush en lo internacional, avancemos al 11 de junio. Con gran fiesta se va a recibir a un señor que debe sufrir de tortícolis causada por mirar hacia otro lado cuando Noriega, entre otras cosas, atropellaba nuestros derechos. El señor que no firma los acuerdos ecológicos porque ante todo debe velar por los negocios de quienes lo apoyan y financian su campaña para reelegirse, es el mismo que, “conmovido” por tener los panameños que aguantarse a Noriega, ordenó una infame invasión para liquidar al monstruo de probeta que ellos crearon en los laboratorios de la CIA.

Se aseguró muy bien Bush de que en esta visita a Panamá no habrá tiempo para conversaciones ni situaciones engorrosas. Viene para que en las imágenes que pasará la televisión norteamericana se le vea rodeado de bellas empolleradas que le bailan; de niñitos panameños ondeando banderas de U.S.A.; de gobernantes panameños que lo rodearán, obsequiosos; para que el pueblo norteamericano vea que a él, el que ordenó la Noche Negra del 20 de diciembre, los panameños no solo lo han perdonado sino que nada más esperaban que apareciera por aquí para agradecérselo. ¿Es cínico Mr. Bush? Sí, pero en este caso lo terrible es que nuestro gobierno, sin pudor alguno, es cómplice de su montaje, del espectáculo. Mr. Bush ha preparado, con nuestro consentimiento, el escenario mundial donde podrá sacudirse de la culpa que, sabe bien, lo manchó la Noche Negra. ¡Y nosotros, cómplices del verdugo!

Por otra parte, a nuestros gobernantes la contabilidad se les quedó en la columna del “Debe” porque deben pagarle el “favor” de haber enjaulado al engendro y porque saben que el destino de ellos (nuestros gobernantes, por supuesto) está en manos del señor Bush que sin duda les pasará la factura. Pero ya que no se puede revivir a los inocentes que murieron, ¿no hubiera sido más digno de nuestra parte, si es que había que recibirlo (aunque no había razón decente para aceptarle u ofrecerle este paseíto), haberlo atendido con los mínimos requisitos de protocolo? ¿Qué nos empuja a bailar y a celebrar con Bush? ¿Que se llevó a Noriega? Si era ficha de ellos que ya era un fardo, ¿por qué razón nos pasan la factura? Si alguien nos hubiera advertido que para capturar a Noriega (no lo hicieron, se entregó) moriría tanta gente inocente, ¿lo hubiéramos aceptado? Sé que algunos contestarán que sí a esta pregunta. Esa opinión, que no puedo compartir, me causa dolor y vergüenza. Apenas transcurridos dos años y medio desde la Noche Negra ¿cómo somos capaces de ofender tanto a los que murieron? Las heridas aún sangran, el dolor está crudo, la humillación todavía arde. Si los mató una bala USA o de las Fuerzas de Defensa de Panamá;  si murieron por asfixia o calcinados; o aplastados por tanquetas, es irrebatible que murieron como consecuencia directa de la invasión. Para llegar a esta conclusión y a este sentimiento no hay que ser antiyanqui. Solamente hace falta considerar que 25 mil soldados armados con cañones, ametralladoras, fusiles con mirilla infrarroja, tanquetas, etc. nos atacaron sin piedad.

Si ante la faz mundial Bush declara que para proteger sus intereses económicos no firmará en Río, ¿qué ingenua razón nos hace pensar que alguna vez le importó nuestra suerte? Buscando la reelección, para pasar como héroe, defensor de la democracia (la suya, a su manera) Bush ordenó invadir un pequeño país para atrapar a un hombre debilitado.

Hoy repudio la fiesta en honor del Bush bajo cuyas órdenes murieron cientos, miles (nunca se sabrá cuántos) de civiles inocentes. Por eso hago mía la queja del poeta Demetrio Herrera Sevillano: “Paisano mío, panameño, tú siempre respondes sí, pero no para luchar, que no para protestar cuando te ultrajan a ti. Paisano mío, panameño, tú siempre respondes sí …”.

Hoy, 30 años desde aquella infame Noche Negra, mis sentimientos no han cambiado.

Comunicadora social.