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14 de Aug de 2020

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Orlando Goncalves

Columnistas

Relevancia y empatía, al centro del debate

Se acerca el final del año 2019. Sin duda, ha sido un año intenso en varios aspectos. Intenso en: conflictos sociales, políticos y económicos en muchas partes del mundo. También lo fue en los avances tecnológicos y médicos. Lamentablemente, también lo fue en los desastres naturales, con las consecuencias ampliamente conocidas.

Entre tanta intensidad, alguien apuesta positivo. En reciente artículo en Adlatina Group, un hub de publicidad y marketing latino, escrito por Carolina Coppoli, la chief digital officer de McCann Worldgroup para América Latina y el Caribe, titulado “El futuro no es la tecnología ni la big data, sino la relevancia”, llamó mi atención. .

Este título me sonaba disruptivo viniendo de la directora digital para la región de una agencia de publicidad, que, además, es una red global de agencias de publicidad con oficinas en 120 países. Pero, lo que llamó mi atención fue la palabra “relevancia” que, según el diccionario de la lengua de la Real Academia Española –RAE-, es “cualidad o condición de relevante, importancia, significación”. Así que me pregunté: ¿cómo la directora digital de una reconocida agencia de publicidad da más peso a la relevancia que a la tecnología?

En el transcurso del artículo la autora lo explica de manera simple: “Los avances a nivel tecnológico ayudan ¿y mucho? para procesar grandes cantidades de información y para encontrar correlaciones sobre comportamientos que nunca hubiéramos imaginado. Pero, eso es sólo una foto. Puede ser interesante, pero cuenta poco de la realidad si no vemos el contexto.

Necesitamos equipos con perfiles diferentes que entiendan el idioma de otras disciplinas. Que sean puentes, que faciliten, que garanticen un enfoque en las personas y que sean relevantes para cualquier idea o solución de negocio en las que trabajemos.

Así podrán comprender que el contexto siempre es humano, por lo que nunca resulta lineal. Estoy convencida de que la mejor combinación para poder concretar iniciativas positivas para la vida de las personas depende de la creatividad, pero sobre todo de hacer reinar la empatía”.

Coincido plenamente con Carolina Coppoli, la tecnología puede ayudarnos, bien facilitándonos la vida o alargándola con los avances científicos, pero, así como sucede lo uno, también puede suceder lo contrario, es decir, que se use la tecnología para retrasar el desarrollo humano.

No hay duda que, la inteligencia artificial, el blockchain, el big data, ya están teniendo enorme incidencia en nuestra vida diaria y, en muchas ocasiones, ni siquiera estamos consciente de ello. Ahora bien, al final del camino, lo bueno o lo malo, lo bien o mal empleado de estas tecnologías siempre tendrán como epicentro el ser humano.

Así que, esta nueva –revolución- que estamos viviendo, debe llamar la atención de los líderes de nuestra región, pues pareciera que no nos estamos, por un lado, preparando para el cambio de era –que ya se está dando- y, por otro lado, que estos avances tengan un impacto positivo para todos y, no para unas élites.

Como evidencia de lo anterior tenemos la recientemente publicación de los resultados de las pruebas PISA, medición que ayuda a conocer el nivel de habilidades lectoras, científicas y matemáticas que han adquirido los estudiantes de 15 años de edad en el mundo, y, en términos generales la región salió mal parada. Lo que indica que hay varios llamados de alerta:

El primero, se siguen enseñando en las escuelas las mismas materias que hace 50 años, cuando el mundo ha avanzado más en los últimos 30 años que en los dos siglos anteriores.

Segundo, esta revolución tecnológica no está siendo usada para incidir en la formación de la generalidad de los ciudadanos de hoy y del mañana.

Tercero, el fenómeno de los nini's –jóvenes que ni estudian ni trabajan- va en aumento. Peligrosamente pareciera que nada se está haciendo para analizar y determinar las razones, circunstancias y las consecuencias a largo plazo para la humanidad.

Cuarto, el sistema de seguridad social de nuestros países, cada día tiene mayores inconvenientes para garantizar una mejor calidad de vida a los ciudadanos, generando preocupación para la adultez en el futuro cercano.

Quinto, los sistemas de gobierno y económico de las últimas décadas se han enfocado en el “nivel de vida” y no en la “calidad de vida”, pues se concentran en los “números macro económicos” y no en los seres humanos.

Así que, la relevancia y empatía, deben pasar al centro del debate, si queremos aprovechar los beneficios de los avances tecnológicos y el progreso, enfocándolos en la razón del ser, el ser humano.

Consultor político; en Twitter: @OrlandoGoncal.